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Sistema e una isla paradisiaca/ traducciones espanolas/ recuerdos del futuro

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Reinhold Schweikert,   email: paradiesinselfamilie@gmail.com

Sistema de una isla paradisíaca

Contribución a una solución de los problemas urgentes de nuestro tiempo

Recuerdos del futuro ampliados y actualizados


Contenido:

Cómo un día les aclararé a mis nietos esta época y este mundo:

Descripción del mundo feliz y sus problemas a la vuelta del cambio de siglo. Todas las técnicas de manipulación diferentes, en especial las que afectan a los niños, la falsa educación mediante una enseñanza obligatoria, los medios de comunicación,… El miedo a los bacilos mediante la higiene como pretexto para una intoxicación/mutilación psiquiátrica, operativa y medicamentosa. Los peligros que médicos y grupos farmacológicos significan para la humanidad. Ateísmo, satanismo, ansias de grandeza, falsas doctrinas de la gracia, psicopolítica, destrucción de las familias, diversos casos de corrupción, destrucción de la Iglesia, fascismo de izquierdas universal, dictadura del fin de los tiempos, dominio internazi del Cuarto Reich, prohibición de la libertad de pensamiento, obstáculos en la difusión del sistema de una isla paradisíaca (sistema IP)

Pequeña aclaración del sistema IP como alternativa liberadora y camino a la “Edad de Oro”.

Ponencia 2002 podría considerarse como un resumen comprimido de mi obra principal “Das Narrenzeitalter” (La edad de los locos). ¡Repártala en reuniones y úsela como base de discusión…para instruir al pueblo!


Sistema IP/ Ponencia

Recuerdos del futuro

o:

Cómo un día les aclararé a mis nietos esta época y este mundo

a la vuelta del cambio de siglo

(por Reinhold Schweikert, escrito en enero de 1995,

completado y trabajado de marzo a junio de 2002, en Portugal)

Entonces a la vuelta del cambio de siglo nos hallábamos en el término de una época que transcurría muy lentamente hacia su desarrollo hacia adelante. El diablo volvía a creer que había ganado la partida y que ahora podría poseer el mundo entero por siempre jamás. Todo estaba bajo su orden. Esclavizaba y mantenía atados a los hombres, con destreza, con un orden erróneo antinatural, que con gran astucia y alevosía combinaba con la propia voluntad de los malhechores.

En esta época los hombres creían que podían pasar sin Dios, el Señor, que ellos mismos debían ser Señores, que podían entenderlo todo, que todo lo sabían, lo dominaban, lo tenían bajo control. Porque, sin embargo, los ciudadanos, debido a la inversión pública de la verdad y manipulación de la opinión de aquel entonces, así como a un distanciamiento general de Dios y de la naturaleza, no conocían absolutamente nada real ni verdadero, ni lo sentían, ni lo podían comprender, sino que todo lo que aún sentían y conocían, mejor dicho querían sentir y conocer, procedía de su amor propio y consentimiento, o, si lo consideramos de forma general, de una mentira colectiva sobre sí mismos. Los menos dudaban de lo oficial, de su rumbo. Para ningún ciudadano, entoxicados todos en alma y cuerpo, era posible ya una introspección, una conversión, el arrepentimiento, la conversión al Señor y Su ley natural. La religión cristiana verdadera estaba mal vista, se la consideraba poco moderna, de ayer, anticuada. Cualquier esfuerzo e inconveniente, cualquier sacrificio, cualquier encrucijada, sí, incluso cualquier palabra verdadera era evitada y temida como la peste por estos caídos. Y de esta manera se consideraba imposible, incluso liberar a alguien de las zarpas del diablo. El diablo atraía con comodidad y aparente progreso, con bienestar, dinero y prestigio. Todos vivían en el estrés más terrible. Bajo una presión esclavista total y perpetua, dirigidos por lo ajeno en todos los ámbitos, tenían que llevar a cabo todos los días los trabajos más descabellados bajo condiciones agotadoras, hasta el colapso. Y lo más raro de todo era: ninguno de estos prisioneros del mundo consumista era consciente de su miseria moderna, ni siquiera en parte. De hecho estos depravados ya no podían realizar comparaciones, es decir, hacía tiempo que no sabían lo dulce y realmente agradable, justa, honrada y buena que es una vida auténtica en el paraíso de Dios, según SU orden, y que todo lo que entonces consideraban bueno y valioso, en realidad no era más que engaño, malicia y falsedad, veneno y bilis.

De esta forma ya no se percataban de que toda su vida, debido a su transgresión y perversión, no era más que un montón de sandeces, basadas en nada más que sufrimiento y miseria. Esta sociedad apocalíptica era absolutamente perfecta, basada en la mentira sobre sí mismos, en un autoengaño colectivo, en la intoxicación y destrucción personales. Gustaba creer, debido a una obstinación egoísta y un enfriamiento del corazón, en todas las mentiras e inversiones cotidianas y oficiales de aquel entonces, y se reprimían rigurosamente los impulsos y las voces más exquisitos o se desviaban a mundos ilusorios, fetichismos y cultos de todas las formas imaginables. Si lo que hoy os estoy contando lo hubiera presentado entonces, nadie me habría entendido. Según el razonamiento de los zombis consumistas, como los llamábamos, no había cabida para pensamientos ni sentimientos. Seguramente habrían intentado tildarme de “enfermo mental” para posteriormente hacer pedazos mi personalidad en uno de los campamentos disciplinarios más temibles que haya existido jamás en la historia de la humanidad por medio de toxinas químicas, electrochoques o incluso mediante “cirugía” cerebral (¡los psiquiátras consideraban la extracción o mutilación de partes cerebrales una medida terapéutica!) y conseguir de esta forma violenta que encajara. A lo largo de su falso desarrollo, esta sociedad, que se presentaba tranquila de puertas para afuera, se fue volviendo cada vez más violenta y brutal. Cuando los psiquiátras y psicotácticos lograron difundir su idea de los hombres como una mera acumulación de células, se intentó, en el curso de esta “ciencia”, ir acercando paulatinamente incluso la religiosidad hacia el ámbito de las enfermedades mentales.

Pero realmente yo quería narrar esto solamente a modo de ejemplo para indicar cómo y por qué por aquel entonces la trampa quedaba perfectamente cerrada, el camino descendente estaba escrito de forma ineludible. Debido a que el ya considerable número de decadentes se sentía en peores condiciones que nunca antes en la historia de la humanidad de mantenerse en pie, de abastecerse de forma independiente según las leyes del orden natural y divino, o de volver a regenerarse, prácticamente nadie podía escapar del círculo vicioso. La utilización de máquinas había atontado completamente a la humanidad, la había incapacitado, incluso hasta para hacer las cosas más normales de una vida y una supervivencia naturales de forma independiente. La cantidad de elementos nocivos y toxinas creados por aquel absurdo mundo tecnológico llegó a ser tan elevada y peligrosa que en algunos países ya no quedaba persona sana alguna. Sí, era imposible que quedara alguna. Incluso todos los animales estaban enfermos porque en ese absurdo mundo deshonroso ya no quedaba ni alimento sano ni agua pura. Tras siglos de mala gestión y uso de productos químicos en la tierra, de ésta sólo podía esperarse carencia de alimentos. Cosa que, por supuesto, a los ciudadanos “limpios” no les interesaba en lo más mínimo. No deseaban pensar más allá, pensar que el agua que, por ejemplo, contaminaban con detergentes ultratóxicos, más tarde la destinarían a animales y plantas, incluso a ellos mismos. ¡Lo importante es que uno iba vestido de forma tan “limpia” como los demás y apestaba a los mismos detergentes tóxicos que los demás! Era increíble el nivel de sordera y absurdidad que alcanzaron la concienca y el pensamiento de los ciudadanos. Habían desarrollado cierta psicotécnica apaciguadora de la conciencia, con la que algunos gritaban y protestaban intensamente contra un inconveniente, pero sólo eso, por lo que la crítica nunca alcanzaba la causa, al causante, es decir al ciudadano, de forma que los malhechores podían avanzar impunemente.

Pero me gustaría mencionar un ejemplo para que también los jóvenes puedan hacerse una idea: existía un gran número de monitores que avisaban contra las radiaciones procedentes de microondas, radio, radar y teléfono móvil, pero éstos reconocían sólo en parte que toda radiación técnica es enormemente perjudicial o, en caso de sobredosis, incluso mortal. Nosotros lo teníamos claro desde hacía tiempo. Observábamos el elevado porcentaje de criaturas deformes en cabras expuestas, nos zumbaban los oídos o padecíamos palpitaciones en cuanto nos acercábamos al área de alcance de una potente radioemisora de teléfonos móviles. También reconocíamos en seguida que las radiaciones nos estresaban y agitaban; incluso nuestro sosiego, meditación y hasta facultades musicales se veían afectados. Y no necesitábamos instrumento de medición alguno o investigadores que nos lo aclararan sobre el papel. ¡Simplemente con ir a la montaña o a un desfiladero desaparecían los síntomas! De acuerdo, pero ¿¡cómo podríamos haber aclarado todo eso a los ya decadentes M.M.s?! (M.M. de mega memos, mentecatos del móvil). Éstos no percibían absolutamente nada de las radiaciones, para ellos su estado era normal, huían de la naturaleza y de todo lo natural y nos habrían acabado enviando al médico o al psiquiatra para que hicieran algo contra la “hipersusceptibilidad”, de esta forma llamaban estos lerdos a la sensibilidad normal de las personas sanas. El zumbido en los oídos procedente de una radioemisora incluso solían diagnosticarlo como la enfermedad auditiva “tinnitus”. Y os podréis imaginar que el tratamiento propuesto por los ciudadanos para combatir estas molestias no consistía en desconectar las radioemisoras o trasladarse a un país sin nieblas tóxicas electrónicas, sino en suministrar a los enfermos tantos productos químicos hasta alcanzar el cerebro, es decir, hasta destruir y embotar su sistema corporal y celular de tal manera que éste ya no pudiera registrar ni sentir más, que el “enfermo del medio ambiente” ya no pudiera reaccionar de forma negativa ante ningún tipo de perversidad.

De esta manera, el M.M. ya adaptado ya no podía, eso si es que lo deseaba, llegar al fondo de las causas de todas estas miserias de su mundo. Muchos de los críticos de radioemisoras de teléfonos móviles permitían que se les llamara desde estos teléfonos o ellos mismos llamaban a estos números. Se dejó de poseer la agudeza visual para reconocer que cada una de estas llamadas era transmitida mediante radiaciones y que, a continuación, se acababa irradiando con ayuda de una técnica especialmente perjudicial. Es significativo indicar que los críticos de radioemisoras de teléfonos móviles jamás manifestaron dejar de llamar a estos teléfonos o sencillamente boicotear estas llamadas, sino que simplemente se discutía acerca de la situación de las radioemisoras. Probablemente la mayoría pensaba que ya no dependía de un crimen más o menos, pues los datos por ordenador, los mensajes electrónicos, los programas televisivos o radiofónicos también eran transmitidos mediante dichas radioemisoras. Sin embargo, por aquel entonces había notables diferencias en lo referente al perjuicio de las radiaciones. No se tenía que ser muy listo para darse cuenta de que la técnica más moderna era la más perjudicial. Con las antiguas líneas telefónicas aún se podía vivir. Incluso con los tocadiscos y los magnetófonos. Los reproductores de CDs modernos ya implicaban una técnica infinitamente más perjudicial en forma de alta tensión y rayos láser. Algo similar sucedía con los automóbiles, que acababan asemejándose a radiantes centros computerizados o laboratorios electrónicos, complementados por olores a plástico que aprisionaban al conductor, aturdido como por una droga, en su moderno y tóxico mundo de las apariencias.

En este absurdo mundo tecnológico no había escapatoria, ni salvación, precisamente porque se trataba de un mundo de adicción, de un proceso adictivo, del que ya nadie podía desear alejarse. Por lo tanto, se ignoraba y ocultaba diligentemente todo aviso y signo patológico, en especial por parte de los doctores, gracias a sus productos tóxicos. El cuerpo médico se esforzaba inútilmente hasta el final en eludir las leyes de la naturaleza y en mantener en vida a sus pacientes, es decir, a la humanidad, los animales y las plantas, a pesar de las intoxicaciones, carencias y pecados contra la vida. Esta huida de los crímenes atroces cometidos contra Dios y la naturaleza con cada vez más violencia contra sí mismos y el medio ambiente conducía a una degeneración celular total y, como consecuencia, de la personalidad de los “muertos vivientes” y, en relación a ello, a un terror y unas atrocidades inefables entre todos los partícipes, que, además, ya no podían ni querían reconocer sus pecados y atropellos como tales, sino que los describían como “normales”. -¡Porque todos hacían eso, porque todos eran así!

Os seguiréis preguntando hoy cómo el sistema de aquel entonces pudo lograr llevar a casi toda la población del planeta a la decadencia, a difundir ideologías erróneas y doctrinas engañosas de forma interrumpida y creíble por todo el mundo. Os lo tengo que aclarar: la alimentación decadente, las materias elaboradas de forma artificial (en el siglo XX la materia natural modificada brutalmente por medio de brujería y alquimia satánica aún recibía la inofensiva denominación de “elementos químicos”), sobre todo también las radiaciones técnicas, en el ámbito intelectual los llamados “medios de comunicación”, creaban un tipo de presión participativa inevitable hacia la decadencia, de forma que ningún animal salvaje de la selva virgen lograba escapar, y las especies se extinguían en masa.

Además, el perverso sistema consumista también usaba esta técnica infernal para, con una perfección diabólica y con ayuda de innumerables máquinas electrónicas, en las que se podían almacenar datos de todos los ciudadanos, finalmente hacer encajar a todos en un mismo esquema de perversión.

(Ir haciendo pequeñas interrupciones, pausas para preguntas y comentarios de asentimiento. Comprobar si los oyentes quieren o pueden seguir entendiendo. Si no, finalizar la ponencia. Decir algo así como: “¿Queremos seguir profundizando en las antiguas aguas pantanosas? Bien, entonces sigo contando:”)

– Como ya he señalado anteriormente, las generaciones de finales del siglo XX vivían una lamentable vida intelectual de apariencias llena de falsedad y mentiras, llena de toxinas y esclavitud. La vida de la humanidad se veía controlada por máquinas que medían el tiempo, por innumerables e imposibles trabajos absurdos que ninguna persona podía superar. Aniquilaban de tal forma hasta que, o bien morían de muerte corporal en su estado trastornado de esclavitud, o bien quedaban en estado senil y enfermizo, de forma que ya no podían realizar las cosas más sencillas, por lo que se los encerraba en casas de la muerte. Dichas casas recibían el nombre de residencias para ancianos u hospitales. A los enfermos se los separaba y aislaba de los sanos (en apariencia), a los pobres de los ricos, a los jóvenes de los ancianos. Incluso a los hermanos se los separaba por clases en la escuela. Cada uno por su lado, ese era el lema. La sociedad estaba estructurada de forma que ya no existía estabilidad alguna en familias y matrimonios. Y las relaciones madre-hijo que aún quedaban cada vez se rompían antes, pues se dejaba a los niños a la merced de influencias foráneas de guarderías y casas cuna, y finalmente incluso quería prohibirse la lactancia materna. Los psicopolíticos internacionalistas-comunistas (los llamábamos “internazis”) hacían creer a las madres que eso era bueno e importante, y a las mujeres absurdas del mundo consumista, capturadas ya por el egoísmo y la frialdad de corazón, no les importaba dejar a sus hijos bajo la merced del sistema para, de este modo, poder volver a vivir “libremente”.

Mediante todas estas separaciones violentas y crueles se podía atontar, manipular y malcriar con mentiras a las generaciones jóvenes fácilmente. La visión de futuro y del mundo de cada una de las clases escolares se aislaba totalmente de las experiencias anteriores. De esta manera, no se advertía a la juventud cuando ésta se encontraba en el camino equivocado con las experiencias y las miserias de los mayores, sino que ésta sucumbía, casi sin poner resistencia, ante la propaganda oficial de los medios de comunicación y se perdía en el mundo ilusorio de las apariencias, mientras la industria filmográfica o los consorcios ofrecían y fomentaban este mundo al mismo tiempo que aumentaban su volumen de negocios. En general se ocultaba, disimulaba, negaba y sofocaba todo lo desagradable, toda consecuencia mísera de pecados y mentiras, hasta que era ineviable. A continuación, como ya he aclarado, se criticaba y mejoraba, en apariencia, o sencillamente se acababa apartando, eliminando, internando…sobre todo, cuando los críticos y exhortadores amenazaban con ponerse en demasiada evidencia.

Asimismo se era maestro en no inmiscuirse en temas ajenos. Pondré un ejemplo: por doquier, desde lo lejos, luchaban los héroes del medio ambiente y se obstinaban de forma lucrativa, por ejemplo, contra la destrucción de la selva virgen. Al mismo tiempo, en Europa se subvencionaba la labranza y la roturación de la tierra conforme a la ley, de forma que los granjeros cobraban importantes sumas de dinero, mientras destruían todo tipo de flora, todo tipo de vida en su tierra, es decir, que producían desiertos sin el mero propósito de obtener beneficios de las cosechas mediante la siembra.

Como ya he indicado, apenas existían familias intactas. Debido a que la caridad bien entendida empezaba por uno mismo y a que no nadie era totalmente libre por “voluntad propia”, voluntad que se adaptaba a la del sistema forzoso o a la de la sociedad, no existía matrimonio alguno que funcionara. A las mujeres se les decía que no debían estar más con sus maridos, sino contra ellos, que no debían escuchar más a sus maridos, que no debían creer más en la verdad y bondad del hombre justo que toma la voluntad directamente de Dios y la transmite a la mujer. Naturalmente estos hombres intoxicados tampoco se encontraban en condiciones para ello. Se fomentaba la desobediencia por doquier, sí, incluso por medio de las “leyes”. Las mujeres, con una insolencia, desfachatez y tenacidad hoy inimaginables y blasfemas, creían ser la medida de todas las cosas, poseer la sabiduría, conocer el camino. Querían ser hombres y cada vez se atribuían más cosas, para, disimuladamente, poder determinarlo y dirigirlo todo. Realidad o ilusión-ficción, eso no desempeñaba ningún papel. Lo que las damas malcriadas deseaban que fuera, ¡simplemente así tenía que ser! Se dejó de creer que la mujer poseía el polo del amor de forma natural, que sólo puede y debe comprender y vivir con el corazón. ¿Como podía creerse en algo de lo que ya nadie podía darse cuenta que sentía? Paradójicamente, en aquel entonces hablaban muchos de “amor”, aunque a lo que se referían era a algo totalmente diferente, es decir, a difrutar de su vida instintiva, pervertida por células animales y proteínas muertas. Las mujeres eran las que llevaban los pantalones. Así de afeminados eran muchos hombres de aquel mundo invertido. La inversión general de los sexos debido a las obsesiones (los hombres estaban asediados por las mujeres, las mujeres se veían bombardeadas por ideas masculinas) muy a menudo llevaba a la homosexualidad. Por ello, el sexo, y no hablemos de la propia personalidad, ya no podía desarrollarse de forma libre y natural.

Desde muy temprana edad se arrancaba a los niños de las casas paternas de forma atroz (se había dejado de ser sensible al delicado mundo de las sensaciones de los niños) y se los encerraba en las llamadas escuelas, donde se los agasajaba durante muchos años, para que se hicieran cargo de todo este desatino, de todas estas absurdidades y complicaciones innecesarias, del ingenio absurdo de sus vanidosos padres y, alcanzaran, siempre que fuera posible aún de jóvenes y en dichos centros de falsa educación, el mismo estado de muerte interior intelectual totalmente difundido, estado con el que a los adolescentes lo malo se les presentaba como bueno y lo falso como verdadero, y que era indispensable para pertenecer con éxito a aquella comunidad infernal. Existían “colegios” con objetivos y para edades distintos donde los hombres, que de otra forma habrían podido encontrar la libertad y la vida, encontraban su “rumbo”, mejor dicho el rumbo de la confrontación contra todo lo que tenía que ver con la voluntad de Dios y la vida natural y libre relacionada con dicha voluntad. – ¡Porque Dios no nos ha creado como esclavos!

En aquellos colegios para los más mayores se aprendía, entre otras cosas, a matar, estafar mejor, mentir, ser hipócrita, fingir, trapichear, ser tacaño y mezquino, luchar los unos contra los otros, ir dando codazos por la vida, …además de falta de naturalidad y cosas inútiles de todo tipo, mientras que en los colegios para niños se trataba más del encarcelar y esclavizar la esencia y el desarrollo libres e infantiles. Allí los niños debían “aprender”, mejor dicho, mediante múltiples métodos de tortura y de lavado cerebral se les instaba y obligaba a hacer cosas que, de ser hombres unidos a Dios y con una vida libre y natural, no habrían hecho jamás, cosas que quedaban muy lejos de una vida natural y por ello del sustento de nuestros fundamentos y por último de nuestro planeta por completo. Imagináoslo, diariamente se encerraban por docenas a los niños más pequeños en asfixiantes habitaciones cerradas donde ellos mismos tenían que devanarse los sesos y atormentar sus almas muy lejos de casa con cualesquiera teorías y prácticas abstrusas de la insensatez. No se les permitía aprender o practicar ninguna actividad importante para ellos o que ayudara a sostener la vida, actividad típica de una vida libre. Al que no obedecía se le forzaba y separaba. En esto los ciudadanos eran perfectos. Finalmente, incluso con ayuda de psicodrogas, que recibían el nombre de fármacos, se les conseguía ¡“amoldar”!

¿No sabéis exactamente lo que son las drogas? Oh, claro, disculpadme si no dejo de utilizar expresiones para cosas de un mundo que en el nuestro ya no hay o que para nosotros significan cosas muy diferentes. Hoy día, bajo el término de drogas se entiende todo lo que ha sido modificado de forma prohibida de su estado natural y por lo tanto pasa a ser impuro, decadente, tóxico, …y a continuación se consume, es decir, se ingiere, se inspira, se absorbe a través de la piel o los sentidos. Algo así como todo alimento cocinado o calentado, o todo lo que entonces se incluía bajo la denominación de cosméticos, detergentes y productos de limpieza, los llamados medicamentos y productos químicos, radiaciones técnicas, las inhalaciones de toda materia, utensilio, mueble, etc. elaborado de forma “artificial”, mejor dicho, mediante alquimia/brujería/fuego… Entonces no se conocían los efectos nocivos para el cuerpo, la mente y el alma de todos estos productos, ofensas a Dios y pecados contra la naturaleza, porque todos estos elementos tóxicos habían quedado grabados en uno mismo y en la propia personalidad y uno hasta se había vuelto adicto a sus efectos distanciadores de la realidad.

Para el ciudadano consumista de aquel entonces, las drogas eran sólo algunas sustancias. Sin embargo, dichas sustancias, de las que se sabía ocasionaban efectos perjudiciales en el cerebro estaban, junto a muchas otras absurdidades permitidas, al alcance especialmente de los jóvenes, y se trataban en los centros educativos obligatorios. Dichas “drogas alteradoras de la conciencia” estimulaban o destruían lentamente un centro sensorial determinado y finalmente hacían que justo esta capacidad que originalmente prometían, tal vez sentimientos de felicidad, se perdiera para siempre. Con gran parte de los psicofármacos ocurría algo similar. Dichos medicamentos no eran más que toxinas, que actuaban sobre un sector determinado del cerebro y del cuerpo, maltratándolo, para que una enfermedad desapareciera y se trasladara a otro lado. Durante décadas traté de divulgar que mediante este proceso se impedía la eliminación depurativa de una toxina, a menudo incluso las de los propios medicamentos, y de esta manera la salida del ciclo adictivo, es decir, la salvación. No podían comprender que lo que les provocaba enfermedades no eran los bacilos o virus, o cualquier otro chivo expiatorio externo, sino su vida y alimentación antinaturales, así como que determinadas enfermedades elaboraban sistemas de depuración, mientras que otras, en cambio, se originaban debido a situaciones carenciales. Con nuestro sistema de la vida se habrían eliminado ambas causas principales en pocos años. Los enfermos no querían escucharnos nunca. Y los grandes comerciantes y grupos farmacéuticos capitaneaban agresivas guerras psicotácticas para vender sus toxinas. El simple hecho de que finalmente la mayoría de estas toxinas médicas consiguieran justo eso, cuando originalmente debían ser beneficiosas, habría demostrado la certeza de mis afirmaciones a cualquier persona juiciosa. Desafortunadamente ya nadie se encontraba capacitado para inferir de forma lógica el sencillo estado de las cosas. El ciudadano degradaba a sus víctimas física y mentalmente de forma perfecta. En aquella guerra mundial permanente contra Dios y la naturaleza los ejércitos médicos de los grupos farmacéuticos luchaban de forma demoladora contra los pueblos de todo el mundo. Se diagnosticaban peligros o enfermedades mortales contra los que poder administrar toxinas mortíferas o totalmente idiotizantes. En aquellos lugares donde los individuos o pueblos no se lanzaban a este consumo tóxico o de drogas forzosas, o donde no consentían dejarse jeringar o tomar medicamentos que destruían sus células, y donde los farmacólogos no lograban administrar sus tratamientos forzosos mediante violencia “pública”, se destruía a la población de formas distintas. Mediante mezclas entre pueblos, una mala alimentación, pero también mediante guerras con soldados y armas devastadoras. Cada vez que los grandes, con alguna excusa incomprensible, empezaban a bombardear a los países pobres e indefensos se trataba de una injusticia y mentira que aclamaban al cielo. La nación dirigente y su “Gran Hermano Norteamericano” lo denominaban “terrorismo”, contra el que se pretendía luchar en todo el mundo, donde hubiera prebendas que asegurar u otro pueblo que someter. Ciertamente había reacciones desesperadas por parte de los llamados autores de atentados suicidas, por ejemplo en Palestina. Sin embargo, atreverse a denominar eso terrorismo era de lo más osado, pues los internazis trataban de robar a todos los pueblos la tierra y la identidad, la ley y el orden, su moral y religión en su forma psicotática secreta. A aquel que se rebelara contra el nuevo orden o no lo quisiera aceptar por las buenas se le robaba y privaba de sus derechos, se le torturaba, maltrataba y asesinada de una forma tan brutal que algunos hombres, tal vez en Palestina, preferían dar la vida mediante hechos desesperados a querer seguir viviendo bajo este régimen de terror.

Con esto os comento un poco el contexto, para mostraros de qué manera y hasta qué punto la locura general, de forma más simple, el diablo se había hecho dueño de todo el planeta. A vosotros, los niños, os interesa menos lo que por aquel entonces recibía el nombre de “política”. Vosotros queréis saber cómo vivían los niños. Os sigo contando con gusto:

Ningún niño vivía como vosotros, sano y feliz en su jardín, en su casa, con los que le querían. Nadie más sabía que sólo allí el niño podía aprender y desarrollarse de forma libre, creativa e inspirativa hasta llegar a ser una persona completa. Debido a su distanciamiento de la naturaleza e intoxicación, ofuscados como estaban y con su delirio de grandeza, incluso llamaban a su complicado mundo artístico y de las apariencias “real” y “normal”. No podían imaginarse ninguno otro, en caso de pequeñas alteraciones de la libertad de algunos pocos se ponían fuera de sí, y finalmente acababan urdiendo las guerras y acciones violentas más destructoras. Pero no sigamos hablando de esto.

El creador de la mayor parte de creencias erróneas, sobre todo de las escuelas de entonces, era un diablo superior llamado ciencia, que se ocupaba de que el conocimiento verdadero del Señor fuera sofocado y tergiversado, y se inundara el cerebro de los hombres con un sinfín de absurdidades incomprensibles e irrelevantes, hasta que ya no pudieran diferenciar entre arriba y abajo, detrás y delante. De forma similar como ocurría con las toxinas medicamentosas, también se podía decir aquí que todas las intituciones educativas de entonces conseguían o hacían totalmente lo contrario que se proponían hacer. De esta manera, los colegios mal-educaban a las personas, las hacían incapaces de aprender, no aptos para la vida natural en el jardín paradisíaco. La ciencia destruía, tergiversaba o reprimía el conocimiento. Muchas iglesias habían sido infiltradas por satánicos y cada vez socavaban más la creencia en Dios, la importante unión irremplazable del hombre con el Señor Jesucristo, por lo que de hecho habían dejado de ser iglesias; se trataba de asociaciones anticristo. Los médicos y hospitales, como ya hemos dicho, intoxicaban a la humanidad y, para colmo de males, la volvían aún más enferma y deplorable. Existían también miles de leyes que, sin embargo, no lograban evitar lo malo y falso, sino que impedían lo bueno y verdadero.

Esta “ciencia” incluso llegaba a introducirlo todo y a todos en los ordenadores. El conocimiento de datos creció hasta el infinito. De esta forma resultaba la funesta creencia en el propio conocimiento del hombre. Éste creía en su propia creación, en la información reunida a partir de la pantalla y “veneraba”, como si de la palabra de Dios se tratara, al “animal 666”. ¡Menudo error! Ahora sólo faltaba que la información del ordenador, introducida por idiotas de la pantalla con gafas asociados, sustituyera al infalible Papa de la Iglesia católica (es decir, universal) del Señor, iglesia ya subarrendada o casi destruida. A nadie le importaba que alguien que permanece sentado frente a la pantalla ya está enfermo, pues está siendo irradiado, y por lo tanto ya no puede ser exacto ni evitar cometer errores. Con los ordenadores se trataba de que cada red internazi junto con sus burócratas como gobernantes totales del mundo podían empezar a controlar y gobernar nuestro planeta de arriba a abajo. Muchas de las laboriosas entradas eran indicios perfectos que podían utilizarse en las futuras “limpiezas” y unificaciones de opinión contra todo pensador por sí mismo que aún no hubiera sido amoldado completamente al sistema hasta alcanzar el estado de Orwell que todo lo controla. Alcanzar la independencia y libertad de los internazis ya era imposible, pues ya hasta el dinero en metálico había sido suprimido, debido a que finalmente, mediante la espiral de intereses, toda propiedad había acabado en manos de unos pocos recaudadores de intereses y de esta forma habían dejado al ciudadano consumista tanto sin propiedades como sin poder.

Durante mucho tiempo, todo sistema infernal basado en los intereses se ocupaba de que sólo tuviera éxito aquello que produjera más dinero. Cómo, por qué y para qué este dinero podía obligar, me gustaría comentarlo brevemente: por aquel entonces se le había robado al hombre su derecho básico a un terreno gratis para la construcción de su casa y el cultivo de su sustento. La más bella de todas las actividades, es decir, plantar su propio huerto del paraíso, y vivir allí, era considerado fútil, cansado y apenas digno de esfuerzo. Y de esta manera se maltrataba a nuestra madre Tierra con enormes máquinas y cientos de productos químicos, se encerraba a miles a nuestros amigos los animales en los establos más estrechos, con poca y repugnante comida. La gente tenía que “ganarse” las cosas de calidad inferior que se obtenían de esta “agricultura” mediante trabajos forzosos. Si alguien no realizaba las actividades antinaturales ofrecidas, dirigidas todas sin excepción contra el orden divino universal, dejaba de percibir “dinero” alguno, y por lo tanto ya no podía alimentarse y defenderse.

En algunas épocas, sobre todo mientras los métodos de manipulación y lavado de cerebro aún no se encontraban tan perfectamente desarrollados, se daban movimientos (juveniles) contra el evidente rumbo equivocado de los “establecidos”. Sin embargo, mediante drogas y el consumismo, pero también mediante ideologías erróneas, los “internazis”, que entonces se mostraban más abiertamente como comunistas, en seguida los volvían iguales y peores, más que los mayores, es decir, muertos vivientes sin sentimientos ni razonamiento, criminales contra Dios y la naturaleza.

¡Pero de qué les servía a los jóvenes que se movían, si por un lado podían reconocer fácilmente que los “mayores” de aquel tiempo eran hipócritas y mentirosos, enfermos de cuerpo, mente y alma, pero a los que al mismo tiempo se ocultaba cómo podían evitar volverse tan malos o peores! Ya no se sabía que la comida muerta, es decir, hervida o frita, todo lo muerto, pero especialmente los cadáveres animales, es decir, todo lo anti y contranatura enfermaba y mataba al hombre tanto física como mental e intelectualmente. Por lo tanto, en aquel entonces estaban todos enfermos y achacosos, pletóricos de locura, enojo, sufrimiento y miseria, pero se creía que este estado era normal.

Como ya sabéis, estimados míos, entonces habría intentado decirles y escribirles a los hombres lo que sabía sobre las causas verdaderas del sufrimiento y la miseria durante dicha época de anarquía divina y natural de la civilización. Habíamos realizado tantos descubrimientos buenos e importantes con los que el mundo podría haber preparado un futuro feliz. Sólo el descubrimiento de las verdaderas causas de las enfermedades y el sufrimiento físico, o cómo podían vencerse dichas causas mediante una alimentación natural, mediante una vida según el orden divino y natural, habría sido de hecho el avance del siglo. No obstante, por aquel entonces existía tal número de falsos curanderos cuyos mensajes e ideologías decepcionaban, que acababan resultando ser timadores o errores peligrosos, que la mayoría, simplemente mencionando nuevas doctrinas de la gracia o promesas políticas decían no querer saber nada y empezaban a hablar de sectarismo de forma peyorativa, sin ni siquiera haber verificado la situación. Aunque, si hubieran verificado nuestros consejos, seguramente el resultado habría redundado en nuestro perjuicio. Porque en realidad estos seres no deseaban avanzar hacia Dios y la naturaleza, sino retroceder hacia el infierno y la perversidad. También había personas que trataban de protestar contra todo descarrilamiento, de señalar cualquier tontería descomunal o, finalmente, autodestrucción que cometieran las personas, que cada vez respetaban menos el orden divino y natural. Pero a la vuelta del cambio de siglo existía tanta degeneración celular, se estaba tan lejos de la naturaleza y tan mimado dentro de dicha civilización consumista, que ya no podía comprenderse ningún tipo de aviso, ya no podía verse solución y escapatoria abierta y clara alguna. Mejor dicho, ya no quería verse. ¡Quien no quiere ver, reconocer, comprender algo, no puede verlo ni acabará viéndolo, jamás! – El mundo se encontraba entre el ser natural y los ciudadanos, entre nosotros y los demás. Aquéllos ya no podían alcanzar nuestros niveles del corazón y el razonamiento, inspirados, dirigidos y gobernados por el Señor y Dios Jesucristo, porque su cuerpo ya estaba constituido por chatarra celular intoxicada y decadente, y como consecuencia también su mente e intelecto se encontraban subdesarrollados o se habían desarrollado de forma incorrecta, pisoteaban todo lo verdadero y bueno y, en su lugar, corrían en busca del engaño público. Hoy día sólo podemos aclarar la imbecilidad colectiva, la tontura y crueldad increíbles, el anticristianismo de aquella época con aquella decadencia celular general debido a una vida y alimentación antinaturales.

Paradógicamente, la “educación” tenía mucha importancia. Aunque vista de cerca se trataba más bien de una catastrófica falsa educación. En las escuelas comunistas y anticristianas de los internazis finalmente ya no interesaba la educación o la transmisión de aparentes contenidos científicos. – En estas aulas asfixiantes, tras el viaje en autobús y por la ciudad, los niños no podían aprender de verdad, pues la auténtica capacidad de asimilación sólo se consigue con pureza y renovación celular, es decir, con el grado de vida pura y libre de toxinas de un aire limpio y una alimentación natural. Sólo en caso de que los niños puedan construir diariamente nuevas células de forma natural se encuentran capacitados para asimilar y almacenar cosas de elevado contenido mental e intelectual, o para desarrollarse artística y musicalmente. Todo esto no era posible en aquellas escuelas. Por ello aquí y ahora tenemos que hablar de aquella destrucción y falsa educación intencionadas del psique y la capacidad infantiles. Los partícipes psicopolíticos del mundo comunista internacional-socialista no tenían propuesto producir seres, pueblos y culturas nobles. ¡Todo lo contario! Los gobernantes hacían uso de estos colegios para sembrar y criar ruina y decadencia. – Por ello la conciencia pública de la población se manipulaba de tal manera que ésta creía que se podía, que se debía arrancar a los niños de la casa paterna lo antes posible y dejarlos a la merced del sistema. Mediante esta anexión forzosa de los niños más pequeños, los dictadores ya podían destruir las familias y las casas paternas desde dentro. A los niños ya no se les permitía crecer en sus familias, como preveían Dios y la naturaleza, sino que desde pequeños debían mezclarse con desconocidos, y ya en las escuelas, vejarse y consumirse con las peores intrigas, violencia y presión, con suciedad e inmundicia, con la mayor degeneración, toxinas y drogas. Los representantes psicopolíticos de la dictadura internazi comunista denominaban esta seducción y envenenamiento planificados de la juventud “socialización” y hacían creer a todos, incluso a los jueces de entonces, que dicha adaptación forzosa en el sistema (de Orwell) era de gran utilidad, que de no ser así los niños no tenían ninguna “oportunidad” y sin “título escolar” no tenían “libre elección” para su “profesión”. ¡Menudo chiste macabro! ¡Qué niño desarrollado y con una vida natural querría aceptar un trabajo en esta repulsiva cárcel social! ¡Y aunque así fuera! Entonces los empresarios, o mejor dicho los esclavizadores salariales, sabían muy bien que las notas y los queridos “diplomas”, en todo caso de una falsa educación, sin embargo, ¡no manifestaban el estado real y las capacidades esenciales de una persona!

Incluso yo obtuve una vez uno de esos “títulos escolares”, por lo que durante mi juventud sólo aprendí tonterías y sólo con un poco de suerte y la ayuda de Dios pude volver a encontrar el camino correcto, aunque muy tarde. Incluso aprendí la “profesión” de maestro de escuela, por lo que conocía la empresa desde ambos lados. Fue de esta manera que en seguida me di cuenta de la ineficacia e imposibilidad didácticas de este sistema educativo carcelario. Se aprende realmente en y durante una vida natural. Los niños deben ser libres para realizar diariamente con amor todo lo que les ordena la Divina Providencia. Nosotros, las víctimas escolares, también podíamos adquirir nuestras pocas capacidades esenciales fuera de la escuela, casi al mismo tiempo. Aunque la mayoría de adultos de entonces sólo recordaba su época escolar durante sus pesadillas, y durante toda su vida se tenían que preguntar qué habían aprendido entonces, enviaban de buen grado a sus propios hijos a estos centros asesinos de mentes y almas. A los que lo hacían de mala gana se les obligaba la escolarización mediante castigos o incluso secuestro infantil estatal.

¿Por qué ya nadie más reconocía que todos estos colegios no eran más que creaciones, instrumentos de represión y manipulación de los comunistas y anticristianos internacionales, que a partir de la revolución francesa, mediante asesinatos, violencia, engaño e intrigas…, incluso el secuestro de niños y una educación errónea, por medio de las escuelas, cada vez usurpaban más poder e influían más en todo el mundo? Al fin y al cabo se tenía que saber que en ningún país libre existían ni debían existir estos colegios y cárceles infantiles. La existencia de centros educativos estatales era y es un distintivo seguro para el dirigismo estatal y el comunismo forzado, sin importar si el sistema de antaño así lo llamara o no. Dichas escuelas y la asociación forzosa dictatorial de todos bajo un mismo estandarte suelen surgir cuando sistemas estatales parasitarios disponen ya de ciudades poderosas o de personas que se han desprendido de su país y de esta forma pueden pretender dominar el mundo con delirio de grandeza. A este respecto se entiende y considera también el imperio romano ya casi “internacional socialista” como sometedor de las tribus nórdicas.

¡Tampoco en la Biblia se dice que los niños deban ir a la escuela! En la antigüedad existían los conocidos colegios de la vida para adultos, y más tarde, en los países libres, las escuelas conventuales para los aspirantes a eclesiástico, ¡donde, sin embargo, ni mucho menos se trataba de empollar como tontos como ocurre hoy día!

Naturalmente, nuestros hijos de la época moderna podrían haberse desarrollado mucho mejor sin estos colegios obligatorios estatales implantados por los dictadores de forma clandestina para manipular mejor a la población. Sin un aprendizaje y desarrollo libres, calmados y pacíficos en el entorno familiar y en su círculo de personas de confianza no sólo tenía lugar una merma de la capacidad de aprendizaje, del desarrollo y el conocimiento, sino que durante la ausencia de la casa paterna debido a la permanencia en los colegios, así como durante la mezcla forzada de todos los niños, en parte de niveles inferiores, también se acababa destruyendo forzosamente la homogeneidad interna de las familias. Ya a una temprana edad tenían lugar relaciones confusas y falsas con desconocidos, así como decepciones, y se arruinaba la confianza, se sembraba el miedo, se incentivaba el fracaso y se coaccionaba en todos los ámbitos. Tenía lugar totalmente lo contrario de lo que hacía propaganda la “socialización”. ¡Estas guarderías y escuelas malcriaban en corazón, mente y alma a las piltrafas humanas de la socialización, empobrecidas, confundidas y rotas, asustadizas y decepcionadas! Estos colegios satánicos tenían sobre la conciencia la felicidad por la vida, las familias, lo arraigado, la tradición, todos los estamentos, todo arte verdadero, la artesanía, los usos y costumbres, todo orden de vida cristiano. Y duraba eternamente hasta que un pequeño grupo lograba, tras una larga peregrinación y nuestra ayuda espiritual, hacer pública finalmente la monstruosidad de estos centros y la injusticia allí cometida a los niños y los padres por parte del estado. Habría durado mucho más hasta que se hubiera puesto fin a las fechorías de estas instalaciones manipuladoras y de falsa educación de los comunistas y anticristo. El estado de funcionarios de entonces estaba formado casi exclusivamente por neuróticos que se controlaban los unos a los otros. Nadie más hacía lo que debía hacer, es decir cultivar su tierra y ganarse el alimento de forma natural, sino que nadie tenía nada más que tonterías en la cabeza, corazones muertos y crispados, opiniones e ideas equivocadas… Todo aquello que abordaran y todo trato con quien fuera lo revestían con sus ideas forzosas. La arrogancia y el poder del estado comunista moderno y su dictadura de funcionarios creció hasta niveles realmente inconmesurables en los últimos tiempos. Los ciudadanos, la mayoría sin ser conscientes de ello, no eran más que esclavos del sistema. De hecho, deberían haberse dado cuenta. Cuando a los niños ya no se les consideraba como hijos e hijas de sus padres, sino que evidentemente pertenecían al estado dictatorial, que de esta manera echaba en saco roto descaradamente incluso las leyes de la naturaleza por todos conocidas, entonces esto anunciaba una privación total de los derechos mediante presiones sociales, es decir un comunismo forzoso en forma pura. La privación de derechos de los padres y del pueblo por parte del estado ya fue horrible durante el Tercer Reich bajo Hitler, sin embargo, bajo el Cuarto Reich se siguió practicando considerablemente. Al menos Hitler mantenía a niños y familias a medio camino, para conseguir suficientes soldados. Aunque también él enviaba a las muchachas del campo a la ciudad, a las fábricas, empezó a construir este aparato administrativo y de funcionarios que más tarde acabaría perfeccionándose, con el que los pueblos (hasta finalmente sofocar el mundo entero), los seres podían pasar a ser números, cosas, propiedad del estado, con el que éste podía obrar a su gusto. Asimismo el feminismo, que los comunistas anticristianos del mundo habían desarrollado ya antes de la II Guerra Mundial, no pudo evolucionar totalmente con Hitler, sino más tarde. Esta teoría errónea que acabaría enterrando definitivamente el derecho paterno, sin embargo, se desencadenaba con furia y de forma nefasta en las familias y asesinaba incluso a los niños en el seno materno. Tras muchos años de maduración y desarrollo, los hombres están en este mundo para ser padres y esposos. Su cometido no consiste sino en dirigir, educar y enseñar a sus familias, su mujer e hijos, en transmitir su ancestral herencia de sabiduría. De esta forma, en la actual sociedad forzosa sin padres no hay lugar para una educación buena y verdadera, la transmisión de auténtica sabiduría y de la tradición, el desarrollo de profesiones o de capacidades y habilidades especiales para las que normalmente son necesarias varias generaciones hasta que se pueden desarrollar en el seno de la familia, y sólo ahí. Los centros y colegios públicos no producían nada más que copias frías de una cultura pasada, no podían ni formar ni educar, y finalmente hasta defendían su educación errónea a conciencia y la seducción de la juventud contra los padres, que acababan queriendo volver al orden natural y divino.

La época de la autodestrucción de la civilización, o de la destrucción de los pueblos por parte del estado, del sistema, empezó definitivamente con el Concilio Vaticano II de 1965, en el que las fuerzas comunistas masónicas también se apoderaron del último bastión de tradición y costumbres, verdad y vida. Me refiero a la Iglesia católica, que, igualmente, cuando se vio succionada por las ideologías erróneas libertinas, acabó con su liturgia o la cambió, e incluso actuó y predicó contra su propia doctrina, es decir, que de alguna forma empezó a destruirse desde dentro, después de que el Papa masónico comunista elegido en este concilio ya entonces se quitara la tiara en señal de protesta y contribuyera en algún tipo de actividad “social”.

De esta manera, tras dejar anticuadas las doctrinas de la Iglesia y ridiculizarlas, paso a paso y en los años siguientes, en el curso de la “liberación” libertina general, también se pudo desarmar el derecho paterno natural, siempre respetado hasta entonces, y adjudicar a las madres todos los derechos sobre los hijos. A las mujeres, más fácilmente manipulables hacia el sistema por medio de la seducción consumista, se las incitó, mediante el feminismo y los falsos modelos de los medios de comunicación, a dejar a sus maridos, romper el matrimonio, envilecerse, tentar a los niños con toda la porquería consumista y ofrecerles una falsa educación. Los psicotácticos internacionalistas, con las manos sobre las palancas de mando, sabían de antemano que la moderna mujer absurda estaría más fácilmente disponible para el mundo consumista y consentido, y que gracias a su egoísmo desenfrenado entregaría a sus “hijos” al sistema con gusto y lo antes posible.

A los padres se les fue quitando poder de forma calculada y sencilla, judicialmente y mediante leyes injustas y propaganda psicopolítica, y se les separó brutalmente de sus hijos y, de esta forma, de los herederos de sus almas, de su futuro, y sobre todo también de su cometido educativo. Mediante la educación errónea comunista- feminista estatal se dotó a la generación descrita por Orwell de una falsa educación, generación totalmente fría de corazón y con la mente subexpuesta y orientada al error, y finalmente se arruinó todo el planeta.

Ya era demasiado tarde cuando finalmente pudimos demostrar la total incapacidad e imposibilidad del sistema formativo y educativo de entonces, y finalmente aclarar al público en general qué es el derecho de los padres, que los niños son los herederos de las almas de sus padres y que su educación es mil veces mejor que la proporcionada por los centros estatales, que todos estos colegios faltaban drástica y permanentemente a su obligación de vigilancia y que estaban totalmente incapacitados para conducir a los niños por la vida de forma saludable tanto para su cuerpo como para su alma. Imagináoslo, en estas cárceles educativas ya ni se podían abrir las ventanas ni mirar por el hueco de la escalera, porque todo tenía que estar construido ¡de forma que los niños no pudieran tirarse o que no los tiraran! Asesinato y suicidio entre niños. Esto no se había dado nunca antes, excepto en este horrendo fin de los tiempos, en este estadio final de la civilización forzosa, en y de la que ni los niños veían salida alguna.

A finales de siglo la tierra se parecía cada vez más a una gran cárcel o casa de locos. Ya nadie podía vivir allí dentro de forma realmente libre e inspiradora. Todas las actividades estaban reguladas, todo estaba limitado y debía pagarse. Día tras día, todos tenían que contar, calcular, luchar, eran tacaños y mezquinos en relación a su porción, tenían que asegurarse y satisfacer todo tipo de impuestos y gastos. Lo peor de este sistema era que dentro de este ámbito de la civilización antinatural de final de los tiempos más o menos todas las actividades y profesiones ofrecidas estaban contra Dios y la naturaleza, es decir, se trataba de profesiones absurdas, de actividades innecesarias, contra natura, contra el prójimo y los bienes de la tierra, pecaminosas y criminales. Directa o indirectamente, activa o pasivamente, todos colaboraban en el fin del mundo, serraban las patas de las sillas sobre las que se sentaban y, de esta forma, arruinaban, atormentaban, agotaban su salud física y mental, su vida y la de los demás.

Al parecer, para todas las mujeres de esta época este mundo era el mundo deseado. La mujer absurda de esta época final anhelaba “liberarse” del hombre y, gracias a este sistema decadente que parasitaba en el mundo, finalmente gobernar de forma “matriarcal”. De hecho, estas mujeres “vencían” contra sus propios maridos y creían gobernar. Sin embargo, en realidad los internazis encontraron en estas mujeres absurdas, mimadas y educadas falsamente a más no poder, junto con sus pupilos sin padre, a las mejores cómplices y colaboradoras para sus satánicos planes de dominio universal. Debido a la intoxicación y decadencia celular generales, las mujeres no tenían posibilidad alguna de descubrir el juego perverso. Todas estas mujeres absurdas separadas de sus maridos no eran “ellas mismas”, sino marionetas dominadas por el diablo y el campo de acción de todas las mentes imaginables que ocupaban. Se es mujer sólo con, y no sin o contra, un hombre. Los internazis habían disuadido de raíz a la mujer de su única posibilidad vital real como mujer de un hombre y madre de familia, pues querían dominar a estas mujeres emancipadas, subyugar y arruinar a la población. Allí donde estas mujeres llevaran la voz cantante dominaba Satán de forma directa y segura sobre la obstinación, el egoísmo, la soberbia, el orgullo, el sexismo, la represión, la mentira femeninos,… sobre todos estos rasgos infernales.

Ya en los setenta del pasado siglo los comunistas dirigieron decisivas guerras psicológicas de exterminio contra la población haciendo una astuta propaganda de la profanación de la mujer como “libertad sexual”. Debido a la inseminación y relacionadas con ésta, la creación, la impregnación y la codificación genética por medio de hombres distintos, las mujeres de entonces perdían rápidamente su pureza y sobre todo también la pureza hereditaria, a partir de ese momento pasaban a ser prostitutas de alguna forma y finalmente se enfriaban por dentro. El movimiento de emancipación consistía en que ya no permanecía el primer hombre, sino que varios hombres inseminaban a una mujer, sin quedarse con ella y sin responsabilizarse para toda una vida. Las relaciones sexuales transmisoras de semen significan matrimonio. Abandonar a una mujer tras ello significa, en sentido genético, adulterio. Asimismo aceptar sexualmente a una mujer abandonada por su primer marido por parte de otro hombre. En caso de omitir estas leyes ancestrales resultan consecuencias biológicas y físicas en la mujer y su descendencia. A este respecto la Biblia habla de sexo adúltero. Bajo las condiciones de la civilización, la impregnación femenina por medio del semen de un hombre permanecía durante toda la vida. Bajo nuestras condiciones de regeneración natural en el plazo de aproximadamente siete años es posible eliminar una impregnación y poco a poco volver a estar capacitado para el matrimonio.

No obstante, todo esto se evitaba de forma consciente. Ya no existía mujer alguna capaz para contraer matrimonio. Los hombres que, sin embargo, se atrevían a casarse, quedaban amargamente decepcionados. Las combatientes contra el hombre, que se habían vuelto totalmente incapaces para el compromiso y tóxicas debido a la pérdida de su pureza hereditaria por poliandria, solían estar masculinizadas, es decir, eran furias poseídas por espíritus muertos masculinos, cuyo contenido vital o afición consistía en arruinar a sus maridos.

Algunas se hacían “lesbianas”, y algunos hombres, “gays”, cuando dicha posesión, que dominaba absolutamente al ciudadano de final de los tiempos, era antisexual.

Asimismo se ridiculizaba la creencia, que hasta entonces todavía se difundían en las iglesias, en el significado decisivo de la virginidad o del compromiso único con un sólo hombre para convertirse en esposa, con el único propósito de desacreditar a la iglesia y la religión ante la juventud. Desde hacía tiempo que los internacionales satánicos asociados se habían propuesto minar la auténtica religión cristiana y el pueblo alemán. Para ello se dedicaron, además de la tentadora propaganda ideológica y otras medidas idiotizantes (mencionaré, por ejemplo, la vacunación, los empastes dentales y las posteriores radiaciones de microondas), tres guerras mundiales. Ya antes de la segunda no se quería/podía diferenciar entre hijos de herencia mixta como resultado de la poliandria e hijos de herencia pura de mujeres primerizas, sino que estas cosas se confundían con la nada pertinente mezcla entre razas. De haberse leído la Biblia se habría dado cuenta uno de cómo y por qué los pueblos antiguos llamaban hijos e hijas canallas a los hijos de madres que habían tenido varios hombres y por lo tanto se las describía como de herencia mixta, por lo cual significaban el inicio de la decadencia de aquel pueblo. Porque dichos hijos e hijas canallas más adelante no se encuentran en condiciones de llevar una familia y educar a sus hijos o de vivir de forma pura, de padecer carencias, de estar ahí obedientemente ante el orden natural y divino todos los días para sus hijos, huerto y animales, sino que, especialmente en el curso de una creciente urbanización se convertirían en simples parásitos, en compradores, en egoístas y satánicos notorios, que finalmente, por puro odio, envidia y malicia, lo destruían todo y a todos los que les mostraban en parte lo bueno y verdadero.

No fue hasta que brotó esta siembra infernal de los internazis, hasta que estas generaciones sin padre procedentes de la seducción de las mujeres obtuvieron el mando, que se originó la cárcel total de Orwell de final de los tiempos, en la que todo hijo e hija empezó a vengar todos los pecados de los padres con una crueldad fría como el hielo, falsificó la verdad y quiso derogar toda ley natural y de esta forma acabar con Dios, desintegró y destruyó todo pueblo imponiendo a todos la herencia mixta y la mezcla entre razas.

La mezcla entre razas habría sido poco problemática de por sí, de haberse mantenido las leyes ancestrales. En caso de que toda mujer de un hombre de otra raza se hubiera ido a su país, y sobre todo, si toda mujer se hubiera quedado con su primer hombre. Así, al menos siguiendo una vida natural y nuestra práctica alimentaria, se podrían haber logrado nuevas raíces e incluso razas humanas fuertes. Sin embargo, mediante dicha práctica adúltera con varios hombres, se fueron destruyendo y desintegrando nuestras mujeres y nuestro pueblo. Antes de que la propaganda internacional-socialista se ocupara de introducir más y más pueblos y razas extranjeros en el país y de animar a las mujeres a tener tantas relaciones sexuales como fuera posible, esto ya había ocurrido en la mayor parte del pueblo alemán. De hecho se podría haber reconocido a partir de la historia que con esta impregnación genética extranjera de nuestras mujeres por parte de hombres extranjeros se había empezado a robar a nuestro pueblo alemán no sólo su espacio vital sino también su subsistencia genética. Pues, tras cada guerra, el venceder desintegraba al vencido matando a los hombres y violando a las mujeres. No se mataba directamente a los hombres alemanes de entonces, pero, por decirlo así, se los castraba mediante la propaganda, se los llamaba personas absurdas, se los incapacitaba y se les privaba de sus derechos mediante innumerables leyes feministas injustas de la forma más descarada, y finalmente se les impedía liberar a las mujeres alemanas. Con este feminismo las mujeres se destruían a sí mismas. Todavía recuerdo cómo fue que estas mujeres empezaron a identificar este fracaso y autoengaño que aclamaban al cielo mediante el feminismo y las mujeres emancipadas. De repente el feminismo y la emancipación de la mujer “dejaron de estar de moda”. No se quería ni se debía hablar de ello. Después de que los hombres alemanes se vieran totalmente privados de sus derechos y se convirtieran en unos blandengues degradados, incomodaba la discusión sobre estos fenómenos apocalípticos, así como sobre las causas secretas de la miseria de esta época. Acostumbrada a disimular y maquillarlo todo, la mujer sólo quería escuchar cosas agradables y se propuso esconder bajo la alfombra el hecho de que todas las mujeres de entonces eran sencillamente mujeres archiemancipadas y prostitutas.

Todo lo que os cuento hoy libremente entonces no podía revelarlo ni siquiera en parte. Los internazis habían prohibido la libertad de expresión y pensamiento como hicieran en su momento los nazis durante el Tercer Reich. Y todos estos muros, invisibles para casi todos, de esta gran cárcel llamada mundo consumista estaban formados por muchas piedras. Existían innumerables látigos esclavistas, es decir, recursos de propulsión y métodos forzosos. Se obligaba a todo el mundo a formar parte del sistema monetario. Aquello era el infierno. Allí sólo se podía elegir entre actividades puramente falaces, criminales, viles y falsas, y el resto, impuestas; la mayoría, además, totalmente descabelladas e idiotizantes. Después, tras haber elegido dicha actividad, tenía que practicarse durante toda la vida, de forma totalmente anormal y extrema. Aparte de esto, supuestamente uno se sentía “llamado” a dicho trabajo absurdo antinatural, a dicho crimen, y ya durante la época escolar debía trabajar/tontearse en ello, para, a continuación, debidamente formado/atontado, “poder” practicar dicha profesión idiotizante o explotadora/infame elegida. ¡Tal vez penséis que exagero! Pero no lo puedo contemplar de otra forma. Ninguno de estos “profesionales” modernos creaba nada realmente esencial o importante de una forma natural y buena como para poder haberlo aceptado, considerado bueno o incluso para querer haberlo comprado, tenido.

En aquel entonces ya había también algunos que se negaban. Sin embargo, a éstos sólo les quedaba el papel de víctimas, en el que los otros, los autores o supervisores de esta comunidad carcelaria, los empujaban astutamente hacia la misma. Aquél que viera el juego del sistema difamatorio y no deseara seguir jugando, o se volviera depresivo o enfermo, acabaría siendo atendido por toda una armada de terapeutas, y “socializado” y “rehabilitado” de distintas formas. Por otra parte, esta armada social terapéutica médica y psiquiátrica dependía de muchas víctimas por motivos de autoconservación, y sabía muy bien cómo conservarse uno el último e incluso buscar y convertir a nuevas víctimas. Éstas eran aisladas atrozmente del hogar, el país y la familia por esta mafia social, y forzosamente integradas en un entorno extranjero y artificial. Dichas víctimas de los llamados departamentos sociales de los estados aceptados furtivamente por el comunismo forzoso, estados para los que durante mucho tiempo se utilizaba el paliativo de democracias, por norma general debían tomar cantidades absurdas de pastillas tóxicas y soportar mutilaciones atroces. En los hospitales y centros psiquiátricos se maltrataba lentamente a todo aquél que se negara, entre los que principalmente se encontraban enfermos y ancianos. Más tarde, sin embargo, a medida que se desmoronaba el pseudo-bienestar de los países consumistas, se los maltrataba precipitadamente hacia la muerte. Al que ingresaba no se le solía reconocer tras pocas semanas de lo desfigurado que quedaba. Lo que no sorprende, pues allí nadie tomaba nada que condujera a la vida y la curación. Además del repugnante arsenal de miles de toxinas químicas administrado, se añadían operaciones o mutilaciones, transplantes, radiaciones radioactivas, etc., es decir, todo tipo de torturas del Dr. Eisenbart o Frankestein. ¡La cirugía cerebral, la destrucción de masa cerebral, se consideraba la principal medida terapéutica contra la “locura”! Asimismo la tortura del electroshock se consideraba un remedio. Sobre todo en las casas para locos se encontraban montones de víctimas desfiguradas y despersonalizadas de por vida tratadas por torturadores en bata blanca. Sin embargo, nadie se percataba de que dichos “locos” habían sido creados, es decir, que eran víctimas del tratamiento de las medidas “terapéuticas” anteriormente mencionadas de doctores y psiquiátras que, con cada enfermo o “loco” que producían mediante toxinas, radiaciones, electricidad y bisturí, se aseguraban una clientela duradera, a la que le retrasaban la muerte por motivos económicos.

No obstante, no se diagnosticaban mediante toxinas y operaciones dichas lesiones corporales como tales, sino que se acompañaba a la víctima sin relativo dolor, mediante anestesia. Se provocaba la adicción a determinadas toxinas químicas sin las que el paciente no podía o quería seguir viviendo. ¡Debían soportarse dichos procedimientos de tortura, dichas lesiones en los órganos del cuerpo, dichas toxinas “en pro de la salud”!

Como véis, en esta forzosa y apocalíptica sociedad de las mentiras no era aconsejable desobedecer y unirse a las víctimas.

¿Te preguntas por la influencia de los cristianos en esta época? Aún cuando se llamaran cristianos, lo que representaban, hacían y pensaban no solía tener absolutamente nada que ver con una religión cristiana verdadera. ¿Cómo puede vivirse totalmente separado de la naturaleza, hacer caso omiso a las leyes y el orden natural de Dios y querer seguir llamándose cristiano? ¿Y cómo podían tener la osadía de pedirle y rogarle al Señor que les liberara de sus cargas y sufrimientos provocados por una vida llena de crímenes contra el orden natural y divino? Sin embargo, la mayoría ya no profesaba nuestra religión cristiana, sino que adoraba a ídolos de forma más o menos abierta, era esclavo de todos los cultos y dioses falsos imaginables, de falsas doctrinas orientales, ateas, comunistas, feministas, pseudocientíficas, etc. Los cultos religiosos de entonces tenían que ser lo más desconocidos y erróneos posible para que el mayor culto erróneo, el racionalismo y la cientología, la doctrina de la no existencia de Dios y del pensamiento y la sabiduría humanas que todo lo dominan, pudiera acabar imponiéndose por sí mismo, mejor dicho por medio de los medios de comunicación internazis, y desplazando todas las religiones deístas! Después de esta batalla de destrucción moderna contra la auténtica religión cristiana, lo que aún quedaba en pie de estas ovejas pseudo-religiosas, descarriadas por los cultos, de forma consciente o no, practicaba magia y conjuros diabólicos. Es decir, que estaba igualmente poseído, teledirigido, ocupado por todos los demonios muertos y vivos del globo terráqueo, incluso de otros planetas. Por todos los pueblos se difundían prácticas y cultos demoníacos mágicos y ocultos procedentes del lejano oriente. Sin embargo, entonces no se los llamaba ni reconocía como tales y tampoco se conocían las asociaciones mentales que de ellos se derivaban. De haberse quemado a toda bruja y brujo como antaño, la mayoría de zonas habrían quedado despobladas.

Todo el que conoce la Biblia o las leyes espirituales debería haber sabido que toda esta apostasía, que el anticristianismo acaba significando la autodestrucción. Sin embargo, en aquel entonces los materialistas con orientación científica no tenía idea alguna de legitimidad espiritual. Ya no conocían las asociaciones propias con el mundo de los demonios y las obsesiones. La oscuridad espiritual significa ceguera de corazón y de entendimiento. Y la “vaca dorada” de la ciencia, mejor dicho el animal 666 de la revelación, como se puede designar a esta oscuridad científica difundida por todo el mundo y reunida por medio de los ordenadores e “Internet”, ya no podía seguir pensando, ni mejor ni de forma más correcta, sincera o sensible, al igual que ocurría con las personas limitadas de esta época.

Por aquel entonces nombré hasta el final todas las atrocidades de la época con la esperanza de que al menos algunos pocos pudieran regresar al buen camino. Hablaba y escribía de forma clara, aunque las palabras directas, las verdades incómodas estaban mal vistas y acabaron siendo imposibles. La absoluta gran mayoría de mentirosos conscientes y sobre todo inconscientes de aquel tiempo reprimían y acababan prohibiendo frases enteras y conceptos de nuestro idioma y de esta forma de la mente del pueblo. Se me dejó de comprender. Ya no se tenía la capacidad de entender mis contenidos de forma pura, y, debido a la decadencia celular, sólo se captaban construcciones oracionales simples. Incluso a mí se me hacía cada vez más difícil mantenerme a flote, y formular y unir mis contenidos de forma clara y sencilla. Porque en 2002 incluso a nosotros nos alcanzaban las radiaciones de microondas. Cada vez me resultaba más difícil escribir. Por suerte, por aquel entonces ya tenía bien desarrollado mi sistema IP.

Seguramente me puse y os puse en peligro mediante mi exposición, “inoportuna” entonces, del estado real de las cosas. Por otro lado, por miedo se evitaban mis escritos, desagradables para casi todos los ciudadanos, por lo que finalmente se nos consintió ir a una isla lejana en medio del océano y establecernos allí. No se quería saber ni oír nada más de nosotros, y también nosotros queríamos dejar atrás tanta influencia ruinosa, aquel negro remolino de la civilización. Al igual que en una ocasión el faraón tuviera que dejar que Moisés se marchara, también de esta forma se le había informado a este Egipto o Babilonia modernos, a esta civilización, de que alguien construye y conserva un contrapeso positivo para el planeta. También se quería ignorar esta ley fundamental del orden natural y divino. Sin embargo se tuvo que admitir su eficacia durante el transcurso de los acontecimientos hasta la III Guerra Mundial y finalmente se comprendió que nuestro planeta estaría totalmente destruido de no haber vivido nadie según la ley divina.

Para ambas partes fue mejor y más aconsejable que nos fuéramos. Así fue como nos establecimos con la familia en otra parte de la Tierra. Debido a mi honradez, habría sido muy difícil para mí tener que vivir en medio de esta sociedad explotadora y deshonrosa, en este Cuarto Reich, y sin embargo haber tenido que callar y observar el transcurso fatal e inevitable de las cosas, aún a sabiendas de que conocía una salida. Sin embargo, tenía que admitir que mis oyentes y lectores no querían más que robarme “las fresas del huerto”, es decir, que esperaban que mi sistema de vida les resolviera los problemas porque sí. Cuando algo no funcionaba, porque un usuario estaba a millas de distancia del orden natural y divino, en seguida se me echaban las culpas y se me reprochaba no haber transmitido toda mi sabiduría. Por ello callar acabó siendo lo más sencillo y aceptable, sólo después de que mi familia y yo tuviéramos la oportunidad de crear nuestra isla de la vida lejos de la civilización y aceptar a otras personas que podieran llevar una vida natural. De esta forma, incluso servíamos al estado de forma considerable, pues alejábamos del mundo consumista a gente desagradable para el sistema sin derramar sangre y de forma pacífica. Éstos jamás habrían logrado poder vivir allí; habrían sido totalmente inservibles y caros de mantener. Al fin y al cabo, el mundo consumista producía cantidades enormes de enfermos incurables, de piltrafas humanas. Y éste, al contrario que el nuestro, era incapaz de regenerarlos y reinsertarlos.

Lo cierto es que tras abandonar Europa, Alemania estaba densamente poblada. Había pocos que realmente quisieran y pudieran marcharse, mejor dicho, que pudieran querer marcharse. La tarea de seleccionar a los adecuados me era muy difícil e ingrata, hasta peligrosa. Especialmente a los hombres era extremadamente difícil desintoxicar, pues debían abandonar todos los vicios, dejar de creer que lo hacen todo mejor, que son los más grandes y puros, dejar de hacer intrigas, comportarse de forma violenta y agresiva, seducir a las mujeres, etc. Al menos sabían leer y podían crearse su propia isla paradisíaca a partir de mis lecturas. De esta forma no me veía obligado a tener que dar de comer directamente de mi mesa a estos hijos de extranjeros. No formábamos parte de ninguna comuna o comunidad. Teníamos la intención de formar familias y echar raíces. Al principio sólo podía haber un padre procreador por granja. Podían admitirse otras personas, que recibían el estatus de escolares o voluntarios. Nuestro sistema social se asemejaba al de las antiguas granjas. Sin embargo, éste había mejorado mucho para los escolares de la vida, pues éstos, más tarde, tras una maduración y desarrollo propio suficientes, podían formar sus propias familias en su propia tierra. Ya no queríamos ningún empleado o súbdito más. ¿Personas que se cuelan en un puesto de trabajo, que suprimen a los buenos, que roban el conocimiento y que con él se hacen grandes, van desencaminados y distorsionan, trapichean y traicionan? No, gracias, ya he aprendido la lección. Aunque así hubiera sido, que el mundo y la sociedad antiguos se fueron a pique, porque ya no quedaban dirigentes y reyes de verdad que pudieran haber apartado nuestro barco del curso hacia una colisión, a los reyes dotados por la gracia de Dios ni se habrían aceptado ni se les habría reconocido como tales. En caso contrario, seguramente se habría acabado con ellos immediatamente o se los habría manipulado o idiotizado.

De todos modos, yo jamás deseé ser empleado o jefe, ni tener poder ni hacerme rico, sino simplemente vivir de forma natural y establecerme junto a mi familia y mis amigos más allegados en paz y lejos de la civilización.

Ya he aclarado que y por qué casi nadie podía desear vivir y saber bajo el dominio de los adictos y decaídos del mundo consumista, lo que yo tenía que decir y aconsejar. No obstante, la civilización tenía, gracias a nosotros, una buena coartada y conciencia, pues podía ofrecer nuestro camino a los que no conseguía amoldar, y los afectados tenían que volver a permanecer en las antiguas cárceles o tenían que volver allí cuando se había demostrado que las leyes naturales no eran de su agrado.

Por un lado desafortunada, pero tal vez por otro lado afortunadamente, en el sistema consumista ya nadie podía entender completamente lo que hacíamos, hacemos y podemos hacer, y por lo tanto que sólo podían concederse pocos fondos, necesarios y mesurados, de forma vacilante, para la construcción de suficientes grandes islas paradisíacas. Asimismo, tras la compra de la tierra, necesitábamos algo de dinero para poder construir de forma rápida y efectiva las plantaciones de autoabastecimiento necesarias, y sobre todo para salvar el tiempo que los candidatos necesitaban para regenerarse y convertirse en pobladores independientes y dispuestos a trabajar. La necesidad monetaria era tan pequeña que quedaba cubierta por la ayuda social y el subsidio familiar por hijos. De hecho, el internacionalismo nos venía bien, ya que de esta forma al menos podíamos abandonar Alemania sin problemas y convertirnos en ciudadanos del mundo y establecernos fácilmente allí donde quisiéramos.

Por cierto que algunos pertenecientes a la civilización hicieron suyas algunas ideas de nuestro sistema de vida, aunque ignoraron y ocultaron algunos puntos importantes. En su mayoría, las cosas que les eran desagradables y de sus propios ámbitos erróneos. Como por ejemplo, que una vida y alimentación naturales no son posibles en una ciudad; que el sistema IP, es decir, la vida en el campo, sólo es posible con la condición de abandonar las ciudades; o que no es posible una regeneración natural con empastes dentales o implantes. La persona que desee ser auténtico, sólo puede estar formado por células propias. Además, básicamente se ocultaba el hecho de que el Señor viene a nosotros diaramente en forma de comida y bebida naturales, que lo asimilamos de esta forma tan sencilla y que de esta manera nos podemos comunicar con ÉL, porque las células de una alimentación natural llevan SU orden y SU alma. Sólo de esta manera, formados por piedras de construcción celular naturales, podemos, también de forma mental e intelectual, asimilarLO de forma verdadera y no adulterada y desarrollarnos según ÉL, según SUS ideas y propósitos “conforme al original”. Hacía ya mucho tiempo que no se quería saber nada de este contexto y alcance decisivos del lazo divino cristiano con nuestro Señor Jesucristo en relación con el cumplimiento de todas las leyes de la naturaleza. Existía una gran mancha negra y oscura en la conciencia colectiva de los asesinos de Dios tras la crucifixión de Jesucristo. Aunque con el cumplimiento del orden divino y natural todos los pueblos y el planeta entero podrían haber conseguido volver a estar sanos de cuerpo y alma, las profundas cargas de conciencia psicológicas de los peores criminales de todos los tiempos conseguían evitar un mayor conocimiento y reorientación hacia camino hacia el paraíso.

También los instructores de higiene, curanderos y médicos preferían utilizar innumerables de las artimañas y manipulaciones más oscuras y provechosas de aquel tiempo, en lugar de considerar nuestro sencillo camino de una vida natural.

Naturalmente, a muchos egoístas consumistas mimados no les venían bien otras de nuestras reglas. Así, debían cumplirse leyes morales y del orden naturales para lograr una vida futura conforme a la naturaleza. En principio, con nuestro sistema vital volvía a ser posible regenerarse poco a poco y curar todas las lesiones, incluso las hereditarias. Sin embargo, la mayoría subestimaba considerablemente su grado de regeneración o pureza ya alcanzado. Había más factores que provocaban las lesiones de lo que se suponía, y apenas se disponía del conocimiento práctico necesario para vencerlos. Imaginaos simplemente el bombardeo continuo del microondas. Su efecto es el mismo que si uno no deja de lesionarse levemente el organismo. De forma tan leve que uno no se lo toma en serio, pero tan seria que se utilizan plenamente o se sobrecargan los mecanismos de regeneración del cuerpo en cuanto aparecen otras lesiones. De esta manera también os podéis imaginar por qué bajo estas condiciones ya nadie más podía desarrollar la fuerza y energía necesarias para enfrentarse a ellas o para crear su propio sistema de autoabastecimiento.

Bajo estas condiciones de la mayoría de países industrializados apenas era posible la autocreación y convertirse en un ser humano auténtico y natural, por lo que no era de extrañar que tardara mucho o no llegara a tener lugar recuperar la madurez para contraer el matrimonio mediante la regeneración celular. Sin embargo, en nuestro círculo no queríamos más aventurillas o deshonras de mujeres por inmadurez. ¡Y no quería sentir que los niños abandonados y echados a perder, resultado de un producto no deseado derivado del disfrute de la vida de la así llamada sexualidad, eran de mi competencia! Aún así, uno debía soportar indignación y cólera cuando se le decía a un aspirante que debía renunciar a tener “relaciones” hasta que no alcanzara la regeneración, entre otros motivos porque, de no ser así, su educación y desarrollo se verían interrumpidos. Cada uno de los aspirantes debería haberse dado cuenta de que primero debía poseer las aptitudes necesarias para la autoconservación en su propia tierra antes de querer ocuparse de la pareja y, a continuación, de la educación de los hijos. De no ser así, según el orden natural, sencillamente acabaría muriendo de hambre o como mínimo sufriendo tantas privaciones, que, por falta de suficiente consumo proteínico, acabaría dejando de ser, o bien potente, o bien conceptiva. La población de un país se regula muy fácilmente según el orden natural y divino, tomando como base el potencial alimenticio disponible. Contrariamente a lo que ocurre en la civilización, nadie “muere de hambre”, sino que, en caso de carencia alimenticia, “se debilita”, se mueve hacia ámbitos espirituales, se aleja de la materia y de lo femenino y sexual, es decir, también de la reproducción. De esta manera, en una vida natural no se muere de hambre, sino que uno simplemente se disuelve hacia lo espiritual, realiza un “viaje hacia la luz”, que no se percibe como muerte, o incluso resucita físicamente, donde, bajo condiciones de pureza, se puede llevar consigo el cuerpo espiritual y transfigurado.

Sin embargo, nadie conocía ninguna de estas cosas francamente maravillosas, ni siquiera los dirigentes a la sombra de entonces. No obstante, en algún momento se acababan dando cuenta de que el mundo consumista había creado pueblos decadentes a más no poder que querían arruinar el planeta. Ellos eran la causa por la que se intentaba destruir a los seres humanos de forma sistemática y cada vez más evidente. Las guerras ya no bastaban. Se utilizaba la esterilización forzosa, se trataba a los hombres y mujeres con medicamentes letales contra enfermedades que no existían o que se originaban debido a una carencia o mala alimentación, se envenenaba la comida y la bebida, en ocasiones se pulverizaban toxinas incluso de forma intencionada sobre las ciudades, se transmitían radiaciones letales y se tomaban todas las medidas imaginables para incapacitar a los hombres para reproducir sin que ellos ser dieran cuenta directamente. Incluso puede pensarse que toda esta civilización tóxica no era nada más que un intento de algunos dirigentes enajenados de reducir el número de habitantes de este planeta.

Debido a la interrupción total de todo contacto con la vida natural en y del la isla, había dejado de existir conocimiento alguno de otros, de nuestros caminos y soluciones. Ya nadie sabía en qué consistía una alimentación natural y una vida natural. Existía, sin embargo, un llamado movimiento del régimen crudo, aunque estos instructores de la alimentación cruda y natural en realidad sabían demasiado poco. Estaban muy ocupados escribiendo, viajando y asistiendo a conferencias en la civilización, y, de esta manera, también ellos intoxicados. Prometían el oro y el moro, pero escondían demasiado el oro, por lo que no se informaba lo suficientemente bien al público meta de cómo podían alcanzar una alimentación y vida satisfactorias siguiendo nuestras directrices. Ya sabéis que incluso yo escribí entonces más de una docena de libros para finalmente aclararlo todo ampliamente y acercarlos a todos a una alimentación natural en relación con una vida natural, a la ley, al orden natural y divino. Sin embargo, incluso este movimiento del régimen crudo (entonces “régimen crudo” venía a ser la alimentación natural del ser humano) me limitaba, en cuanto algunos representantes económicamente fuertes de una determinada variante escéptica que yo no podía aprobar por ser carencial, o mejor dicho por no nutrir en lo más mínimo, conseguían el monopolio de las opiniones del sector mediante sus revistas. Debido a que la mayoría no realizaba una propaganda tan buena de la alimentación de frutas, algunos de estos pseudo-crudívoros intentaban, con gran lujo, incluso demostrar a la gente que el ser humano necesita comida cocinada para vivir. Otros querían hacer propaganda para el consumo de cadáveres animales.

Naturalmente, mediante sus “investigaciones”, los “científicos” tenían que ayudar a pleno rendimiento para falsearlo todo. Muchos de estos científicos de entonces fabricaban coartadas y pruebas pagadas por estos consorcios económicamente fuertes. Demostraban todo lo que pudiera pagarse. ¡Realmente no es fácil probar que el ser humano es el único ser vivo de la Tierra que debe ingerir comida cocinada! Lo que sí que podía ser evidente es que también los animales enferman más cuanta más comida desnaturalizada ingieren y cuanto más alejados se encuentran de la naturaleza. ¿Y por qué sólo estaban enfermos los animales que vivían con las personas y no los que vivían de forma libre y natural? ¿Por qué estos “animales domésticos” acababan contrayendo exactamente las mismas enfermedades que sus dueños cuando se los nutría con la misma comida cocinada? ¡Cualquiera con dos dedos de frente se habría dado cuenta! Sin embargo, ninguno entonces consideraba ni en lo más remoto que la enfermedad podía tener algo que ver con ellos, con las toxinas, cosas indignas y desnaturalizadas que ingerían, ¡es decir con todo aquello que comían y aspiraban! La mayoría ni siquiera conocía este contexto relacionado, es decir, que una alimentación desnaturalizada crea personas desnaturalizadas. ¡Incluso los doctores y profesores “mejor instruidos” estaban ciegos y sordos ante esta verdad tan sencilla! Seguramente por ser tan sencilla y porque las consecuencias derivadas habrían hecho totalmente superfluos los “métodos curativos” practicados entonces por estos hombres.

Parte de la población conocía su juego y trataba de abrirse paso a través del ciclo adictivo de las mentiras mediante la comida cocinada y una vida antinatural. Sin embargo, los propios “Papas del régimen crudo” los volvían a apartar de su meta. Debido a que la mayoría de ellos no sabía cómo obtener comida de la naturaleza, de los cultivos, o leche, miel y huevos de los animales, prepararla y combinarla de forma natural y poder vivir de ello, sino que sólo buscaba el reconocimiento, le “vendía” a los iniciados una doctrina ascética que en la práctica no llevaba a la regeneración, sino al estancamiento, a menudo a una alimentación carencial o la extenuación, a menudo incluso al colapso y la locura, es decir, que en la civilización estaba totalmente contraindicada.

Para poder resistir todas estas desgracias invasoras procedentes de la civilización, uno debería haber ingerido diariamente grandes cantidades de alimentos naturales fácilmente digeribles y ricos en proteínas. Sin embargo, incluso para nosotros, en nuestras islas, en nuestras granjas de autoabastecimiento, era difícil hacer frente a los ataques invasores de la civilización. Recuerdo una mañana de Año Nuevo en Portugal, en que de repente empezaron a zumbarnos los oídos. Una nueva radioemisora de teléfonos móviles había empezado a operar y no cesaba de bombardearnos. Transcurrido un mes, todas las personas mayores se encontraban moribundas. También nosotros empezamos a padecer palpitaciones, nos zumbaban los oídos sobremanera, más o menos dependiendo de las horas de llamadas punta, y nuestra concentración y sosiego naturales se vieron alterados. Tras varios meses decidimos tomar las medidas necesarias: simplemente comer más, para mantenernos sanos. Sólo gracias a una alimentación óptima, nutritiva y abundante procedente de nuestras granjas, basada en la regeneración y la creación celular, pudimos aguantar. ¡Con ascetismo no lo podríamos haber logrado! También por este motivo, por el bombardeo de onda media, empezamos a ampliar nuestra escuela y nos hicimos con tierras en ultramar, que complementaban nuestro emplazamiento en Portugal, es decir, que nos podía ofrecer más campos naturales destinados a la formación. De esta manera, nuestro sistema educativo ecopráctico basado en la vida y lo espiritual podía ir difundiendo su plan de estudios por todas las zonas del planeta, de forma que pudieran investigarse los métodos de cultivo más adecuados para cada una de las regiones y se dispusiera de todos los componentes nutritivos necesarios.

Pero volvamos al tema del ascetismo, de una nutrición deficiente: en 1987, con mi primer libro “Das Narrenzeitalter”, aún no había desarrollado este movimiento ascético. A continuación mejoré mi primera obra, pero las siguientes no fueron publicadas durante mucho tiempo. Tal vez tengas razón al pensar que también yo pude haber inducido al error a aquellos seres mediante mis escritos. Por otro lado, no podía hacer nada para que aquella sociedad aceptara con los brazos abiertos y creyera palabra por palabra lo escrito por el jovenzuelo que yo era entonces. Sin embargo, más tarde, cuando ya había aprendido a escribir mejor y de forma más exacta, no se me quería oír. Entonces el criterio de valoración para publicar un libro se basaba en la cantidad de mentiras y caminos falsos que contuviera. Nadie sabía ya que los hombres no podían alcanzar los grados de iniciación antes de los 35 años de edad, que sólo a partir de los 42 se podía dirigir una familia y que hasta los 49 no se alcanzaba la madurez necesaria para construir y dirigir un pueblo.

También es cierto que de todas maneras haber sabido esto no le habría servido a nadie en la civilización, porque allí ya nadie podía alcanzar estas edades y grados de iniciación con la salud e integridad espiritual correspondientes.

Entonces el ayuno me hizo un servicio relativamente bueno, pues durante esta fase de mi vida ascética pude vivir en un bosque bajo condiciones inigualablemente paradisíacas y en gran parte autoabastecido. La devastación y despoblación que existía ya en el planeta Tierra se encontraba en un estado tan avanzado; la abundancia de especies, la oferta nutritiva había disminuido tanto y su calidad había menguado de tal forma, que la oferta de los mercados ya no alcanzaba. Con el tiempo me fui adelgazando cada vez más y me fui quedando en nada, hasta que la leche de nuestras cabras me rescató del viaje carencial. Pero, ¿quién poseía cabras entonces? ¡El ciudadano civilizado ya no podía o no quería autoabastecerse, vivir de los frutos de los árboles, de las verduras de sus cultivos, de la leche, huevos y miel de sus animales! Mediante la esclavitud salarial y el trabajo absurdo por medio de la sustracción de la propia tierra, ya nadie disponía de “tiempo” para tener un huerto. No se lo podía “permitir”. (Entonces solían escucharse estos términos muy a menudo). Por supuesto que estos prisioneros de la civilización habrían logrado sobrevivir con lo necesario si hubieran aprendido a preparar los platos de verdura cruda más sencillos. Me refiero por ejemplo al simple plato de patatas crudas: se mezclan las patatas ralladas con cereales triturados, verduras silvestres a pedazos y un poco de aceite y sal marina. Esto, acompañado por yema de huevo, queso fresco o queso de leche fresca, elaborada por uno mismo, y la mayoría de estos ascéticos, que solían sentirse por encima de todo, no habrían querido probar nada más. Cierto es que el sabor de tales alimentos importantes para mantener la salud en este período de intoxicaciones se veía aguado por el maltrato en masa de los animales. Solía estilarse alimentar a los pollos con los peores desperdicios industriales. Se suministraban medicamentos y se lastimaba sobremanera a los animales mediante vacunas. Los doctores Eisenbart y compañía también obligaban a los seres humanos a “vacunarse”, es decir, que se los lastimaba con vacunas hasta que alcanzaban el estado de tontura media o completa. Especialmente entre los más pequeños se administraban las peores toxinas y más perjudiciales para el cerebro, tales como aluminio, mercurio y formaldehído, junto con esencias producidas a partir del maltrato de los animales, además de tejido celular destruido genéticamente. Entre los niños mayores el efecto idiotizante se habría notado de forma más drástica. ¡A los padres se les hacía creer que esta mezcla, que paralizaba, bloqueaba y traumatizaba a los seres humanos de forma duradera, podía prevenir enfermedades! ¡Sin embargo, el efecto de la vacuna era mucho peor que la enfermedad contra la que se vacunaba! Evidentemente la vacuna no la suavizaba o afectaba de ninguna forma. No se solían entender las causas de la enfermedad como resultado carencial, de desintoxicación o de intoxicación. Una vacuna no podía evitar una enfermedad, sino, en todo caso, posponerla o cambiarla de lugar, y de esta manera, empeorarla. Los médicos definían el resultado de este proceder simplemente como “epidemia incurable”, “contra” la que no se disponía de “medio” alguno. A continuación se declaraba la pena de muerte a todos los animales y seres humanos “infectados”, de manera que se sacrificaban animales en masa. A los hombres condenados se los “trataba” en centros hospitalarios hacia la muerte, hacia el más allá.

Nos queda la cuestión siguiente: ¿cómo conseguía permanecer sano, mejor dicho, sanarse el ciudadano de entonces? A los cultivos no se acercaban. Y en la alimentación vegetal de las empresas agrícolas no se encontraba nada diferente o mejor que en los animales fabricados. ¿Por qué a nadie se le ocurrió criar pollos? ¿Habría sido más difícil mantener y criar pollos o incluso cabras que los inservibles perros y gatos, que se habían extendido como una plaga?

En aquella época de enajenación mental se creía, por ejemplo, ¡que no se podían comer patatas crudas, que eran tóxicas! ¡Os podéis hacer una idea de lo poco que sabían de sus propios medios nutritivos!. De hecho se podría haber sobrevivido con yema de huevo, leche no pasteurizada de cabras y vacas, incluso con setas del bosque, con toda hierba y verdura del huerto y del campo. Incluso había frutas, lo que hacía que ya no se dependiera del agua mortal de las cañerías. Asimismo se transportaba agua pura de manantial de lugares lejanos a las tiendas. Incluso se disponía de sal cristalina del Himalaya para enriquecer el agua potable con minerales. Pero en el agua éstos no se encontraban. Este era el motivo por el cual la gente, desde hacía tiempo, ya no vivía de forma suficientemente natural, no cultivaban ellos mismos y por lo tanto no podían consumir suficientes proteínas, de manera que los organismos realmente no podían renovarse, sino que pasaban hambre y privaciones.

La conserva de cereales y verduras, importantísima para el mantenimiento de la salud durante el invierno en este país, era totalmente desconocida. En lugar de mostrar que toda verdura y cereal sólo necesitaba conservarse con sal natural y con su propio jugo, determinadas empresas de confituras hacían creer a los ciudadanos que ninguna confitura podía conservarse cruda de forma duradera, sino únicamente mediante la cocción y la esterilización. ¡Menudo error y tremendo perjuicio contra la salud de la población, el que sólo se alimentara de ello!

Algunos de estos instructores del régimen crudo vendaban los ojos de las personas acerca del posible surtido alimenticio para fomentar la renuncia a toda fuente alimenticia desintoxicante y regeneradora. El adicto del mundo consumista vive más cómodamente sin desintoxicación de forma transitoria. Así era cómo gustaba aceptar estas doctrinas. De esta forma, a pesar de la cantidad de toxinas externas, los partidarios del régimen crudo evitaban la leche desintoxicada de los animales. E incluso privaban a sus hijos de la leche, ¡más tarde, incluso de la leche materna! Muchos temían la leche no pasteurizada debido a las falsas doctrinas bacterianas difundidas por los grupos farmacéuticos. La pasteurización y homogenización, y por lo tanto la transformación de la leche obtenida a través de seres vivos de un recurso vivo a uno muerto estaba incluso regulada por el Estado. Finalmente más o menos todas las fuentes proteínicas acababan siendo mal vistas, debido a que, tras su consumo, el cuerpo, altamente intoxicado, padecía reacciones de desintoxicación, y se le echaba la culpa al régimen proteínico, es decir, al régimen curativo y del amor. Acabar con el sufrimiento, la penitencia y el pecado, la introspección, el arrepentimiento, la búsqueda sincera de la verdad, esforzarse por una vida natural eran cosas que entonces nadie deseaba realmente. Al menos no, si esto conllevaba tener que arrastrar su propia cruz y tener que seguir al Señor. Por ello todos padecían su propia absurdidad, maldad y tontura, o sus consecuencias como unos campeones.

En esto o en algo similar se convertía todo aquél que quería trepar el árbol de la vida o pasarse a una nutrición natural. Poco después se dejaba llevar por la corriente de los devoradores de cadáveres o descendientes de Caín, que entonces empezaron a comer animales muertos (incluso cerdos) crudos, lo que les conducía a una práctica cercana al canibalismo. De hecho comer carne cruda es la peor forma de comer carne. Uno se traga células animales vivas, las transplanta, y de esta manera se convierte en animal y previene la formación de células humanas, en última instancia la encarnación.

Los ascetas anteriormente descritos, a los que llamábamos “crudívoros con carencias proteínicas” se encontraban paralizados en su desarrollo y solían adelgazar hasta quedarse en los huesos. Su situación de intoxicación empeoraba, pues se quedaban sin los elementos que permitían la eliminación de toxina intrusas y reparaban las lesiones cerebrales. Los organismos de no pocos se iban adaptando a una nutrición basada en el aire que respiraban, el cual en las ciudades y comedores estaba por lo menos tan contaminado y era aún más deficiente que la alimentación fijada entonces. Mediante una alimentación tóxica e insuficiente sus células se alteraban rápidamente e incluso estos ascetas acababan volviendo a las manos de los médicos. Algunos de estos artistas del hambre acababan aterrizando en algún momento en la UCI de un hospital, donde se les obligaba a comer, o en un manicomio, después de espiritualizarse en su mundo interior aún no purificado mediante esta forma nutritiva antimaterial.

Como consecuencia del entonces absoluto desconocimiento de lo espiritual solía declararse “estar con el pensamiento” y finalmente incluso la religiosidad propio de locos. Naturalmente, sentir, percibir las cosas creadas entre Dios y el mundo, pensar con el corazón, … todo esto entonces no lo conocía ni lo podía lograr nadie más. Y todo lo que fuera más allá del horizonte del entendimiento limitado de los ciudadanos o de los creadores de la opinión pública era declarado erróneo, solía prohibirse, en el mejor de los casos, se tomaba a risa y se condenaba.

Sólo puedo deciros que no podéis haceros una idea cómo era esta época moderna. La gente se consideraba la más grande, la más lista, la más desarrollada de todos los tiempos, cuando en realidad eran lo más tonto y decadente sobre la Tierra. No sabían nada porque habían dejado de vivir o experimentar lo real de forma natural. Su mundo era un mundo de las apariencias; sus “realidades”, irrealidades ilusorias de un mundo artificial alejado de la naturaleza. En este mundo absurdo, debido a su decadencia celular, eran incapaces de desarrollar personalidades libres y creativas, vivas e inspirativas, de alinearse según el espíritu de Dios, hacia arriba, de nuevo hacia el orden espiritual natural. Lo que creían saber, lo que circulaba por sus cabezas lo adquirían a partir de fuentes de información totalmente alejadas de la realidad, de un aluvión de libros, periódicos, películas, datos computerizados, de los llamados medios de comunicación. Por ello su esencia y sabiduría no eran más que pura especulación o teoría; no provenía de forma alguna de la experiencia y percepción reales. Tras la falsa educación adquirida en las escuelas, todas las manipulaciones deshumanizadoras por medio de una mala alimentación, medicamentos, vacunas, radiaciones provinentes de innumerables radiotransmisores, monitores, bombas y reactores atómicos, aparatos de rayos X y sabe el diablo qué más, no podían percibir lo interior y espiritual, lo delicado y superior, y, por lo tanto, dirigían su vida y sus esfuerzos principalmente a ser groseros y saciar sus instintos animales, respondiendo a las falsas ideologías presentadas por los medios de comunicación. Conocemos siete cualidades infernales. Éstas predominaban en todos sus matices. Con los corazones fríos y los sentidos embotados, y con sus enfermizos, intelectualizados y neurotirizados rasgos esenciales y característicos, dominados por la adicción, el egoísmo, la envidia, la codicia, el orgullo, el miedo, el sexo y el exceso, el hombre civilizado era totalmente incapaz de criticar y juzgar a pesar de sus actividades intelectuales exclusivas; sólo podía, quería percibir y considerar lo que se le había implantado en y del mundo artificial. Así era como este tipo de ser absurdo respondía a la imagen deseada y la meta ya mencionadas de los primeros satánicos marxistas, de las sociedades secretas y los revolucionarios en la clandestinidad y posteriormente, en segundo término, de los asesinos que aspiraban a dominar el mundo, asesinos de lo noble y de los reyes, finalmente de los creadores, orientados por lo materialista, de la cárcel del mundo consumista moderno y de la imagen humana más denigrante, imagen que degradaba al ser humano hasta convertirlo en animal o en cosa, en un simple modelo de reacción a los estímulos, en un perro de Pavlow. Precisamente este ciudadano unitario y gregario modernista, anticristiano y apocalíptico fue el que finalmente se propagó por todo el mundo sobre el poder del sistema monetario, el que se crió a través de la degradación, la seducción, la intoxicación, la expulsión del país y todos los factores decadentes ya mencionados. De esta manera estos poderosos de entonces, al servicio de lo moderno pero también de la violencia de la manipulación y del poder absolutista y comunista, podían irse adueñando de toda la Tierra. Este comunismo forzado, disimulado por Occidente, esta hegemonía absoluta del estado intervencionista administrado burocráticamente, y la resultante unificación y privación de derechos del ciudadano (principalmente del hombre y el padre), la desintegración de las familias y las clases sociales, finalmente también de los estados, la destrucción de la religión y muchas otras cosas ya no respondían al nombre de comunismo. Cuando el dominio por la fuerza de los anticristianos de izquierdas o comunistas occidentales se había establecido en este mundo de forma definitiva, ¡incluso se hacía ver que se había acabado con el comunismo y los países comunistas lisa y llanamente!

Asimismo nadie era capaz de relacionar a los primeros de estos izquierdistas, los nacionalsocialistas de Alemania con el comunismo de Orwell o con el subsiguiente internacionalcomunismo. Nadie vio que los nazis habían establecido el inicio de un desarrollo hacia un estado intervencionalista modernocomunista que los internazis perfeccionaron con ayuda de la técnica electrónica y bajo banderas izquierdistas con estrellas de cinco puntas. A nadie le molestaba que este símbolo fuera un pentagrama o señal del culto satanista. Se veían por doquier. Casi todos las llevaban en la ropa.

Con los términos “comunismo” y “democracia” se ejercía una política psicológica mediante el uso de estas palabras como contrarios aparentes. Gracias a ellos podían crearse imágenes enemigas y tramarse guerras. En Occidente se le sugería al ciudadano la palabra comunismo como lo “malo” y democracia como la libertad. Sin embargo, se trataba de lo contrario: en realidad no existía libertad en ningún ámbito, y el lazo entre ambos lados cada vez se estrechaba más mediante estos conflictos y guerras alimentados artificialmente, hasta que la variante oriental del comunismo forzoso, algo más evidente, se descompusiera al gusto de la occidental, que funcionaba tal vez de manera más oculta, pero que era más efectiva mediante las leyes de mercado y las obligaciones materiales y monetarias, mediante la seducción adictiva y un tutelaje psicopolítico refinado. De hecho, el ciudadano no captaba estas maquinaciones. Cuando se interesaba por la política y consumía otros medios de comunicación se le tomaba el pelo de la forma más audaz, o los internazis lo infiltraban y utilizaban mediante la propaganda. Si se me hubiera ocurrido afirmar que Hitler había sido un izquierdista, un comunista, seguramente se me habría tomado por loco. ¿Pero acaso no encerró al pueblo en todo tipo de instituciones estatales y colegios obligatorios, no descompuso familias y estratos sociales enviando a las personas a las ciudadades, lejos de sus hogares, y metiendo a las mujeres en fábricas? ¡Resulta muy sencillo hablar del carácter alemán, las costumbres y el derecho de los padres, y encauzarlo todo de forma muy diferente! Los políticos de izquierdas de entonces sabían exactamente con qué debían engatusar al pueblo para alcanzar el poder.

Algo decisivo que todos estos dirigentes de dudosa reputación de la época postmonarquista tenían en cuenta para ser o no elegidos era estar rodeado de eminencias conservadoras y canosas, capitalistas y cerebros. Éstos elegían entre el derrumbamiento o la caída, la guerra o la paz. ¡Nadie más! Sin ellos todos los pueblos conservarían sus monarquías, el mundo podría haber vivido en paz y orden hasta hoy, si no hubieran existido el fascismo, comunismo, liberalismo, feminismo y otras ideologías erróneas.

En un estado posterior de decadencia civilizada ningún monarca, aún cuando hubiera podido gobernar libremente, habría tenido la posibilidad de dar la vuelta a la rueda de la historia hasta volver al estado y las costumbres iniciales. La decadencia celular de los pueblos era una realidad reversible únicamente mediante una vida y alimentación naturales, y el que no cumpliera esta condición al pie de la letra no era más que otro dirigente equivocado de la serie que conocemos, que tras la abdicación del último emperador alemán conducía nuestro país cada vez más cerca del abismo, que permitía que las tinieblas espirituales e interiores de esta época oscurecieran cada vez más, la úlcera cancerosa fomentaba el crecimiento de una civilización consumista antinatural y anticristiana.

¿Pero cómo hallar el camino de vuelta a, mejor dicho, el camino hacia la naturaleza? En este absurdo mundo moderno autoesclavista, contagioso recíprocamente, totalmente obstruido, echado a perder por culpa de miles de planificadores, bloqueado por miles de leyes e innumerables funcionarios, sí, incluso se encontraba regulado perfectamente por burgueses de miras estrechas, ¡ya no se podía vivir de forma natural, colocar su estiércol delante de la puerta y dejar que las gallinas escarbaran en él! Afortunadamente no tenéis idea alguna de todo eso, de lo bloqueados, obtusos, precintados y estandarizados que eran estos tontos del culo de entonces, lo que es una jungla de artículos y el enredo inútil al que tenía que hacer frente aquél que deseara avanzar. Realmente abandonar Alemania y construir nuestro reino natural lo más lejos posible fue lo mejor que nos pudo pasar. Allí los cabezacuadrada de la administración obligatoria no podían dar con nosotros.

De todos modos, como ya se ha indicado, especialmente Alemania fue internacionalizada de manera forzosa, es decir, se le impedía la subsistencia étnica y tradicional hasta llegar a su disolución. Me gustaría ahorrarme/ahorraros la miseria que conllevaba la disolución de los pueblos.

En aquella época existían ya las señales más claras de la decadencia. Sin embargo, se tardó mucho en reconocer que el mundo consumista, sus metas e ideologías modernistas, neomarxistas, internacionalistas, feministas,… de aquella época eran caminos equivocados y doctrinas engañosos y finalmente hasta condujentes al suicidio. ¡A quién le asombra que la única fuente de sabiduría real y verdadera, es decir, el espíritu divino vivo, proviniera del ser humano de la época tecnológica como el único ámbito de trabajo, vida y aprendizaje real y duradero, es decir, la naturaleza, el propio jardín paradisíaco!

Tratemos de resumirlo de nuevo: ¿Qué habrían alcanzado y mejorado el mundo moderno, el tan aclamado progreso, la técnica superdesarrollada, el uso energético y de máquinas? ¿Podíamos o queríamos instalarnos en la Luna? ¿O cultivaban los ordenadores verdura de calidad? ¿Significaba aquella vida febril, superflua, enferma, vaga y paranoica de parásito urbano internacional realmente un adelanto? ¿Y para qué valían los estudios interminables en colegios y universidades, los inteligentísimos doctores y profesores? ¡Se vio luego, cuando el sistema se vino abajo! ¡El “saber público” ya no servía para nada! Entonces podrías haber revuelto bibliotecas enteras y no habrías encontrado ni un solo libro que no estuviera plagado de falsedades. Todo lo contradecía todo. ¡Algunas “mentes” muy ingeniosas se las apañaron para que no existiera verdad ni sabiduría alguna! De haber sido así, entonces tampoco habría Dios, igualdad, amor, nada más. Incluso los intelectuales de izquierdas medio calvos y con gafas de níquel de los años 70 no se veían capacitados para reconocer lo verdadero. Más tarde todos poseían un conocimiento intuitivo y natural del corazón. De hecho, desde su punto de vista, todos tenían razón, porque entonces entre aquéllos ya no se percibía realidad e igualdad alguna, ni Dios o Su amor. Para la civilización, “lo verdadero” era lo que se hacía en los medios de comunicación y con lo que, mediante la manipulación, se debía alcanzar este u otro efecto en la conciencia, en la conducta de la población. Quienes trabajaban en los medios de comunicación, creadores de opinión, podían hacer caso omiso de cualquier ley u orden divino sin resistencia alguna de los pueblos aturdidos, tergiversarlo e invertirlo todo a su gusto, incluso confundir a malhechores con víctimas mediante refinadas manipulaciones de la palabra. Así, todo aquél que se opusiera a lo impuesto, a la privación de derechos, el asesinato, la expropiación de tierras, la seducción y el secuestro, la extranjerización, el terrorismo consumista, la tortura, la intoxicación forzada, las bombas, la nutrición mortífera, …es decir, a toda injusticia que aclamaba al cielo ejercida por el sistema mortífero y consumista de los internazis o que descubriera su falso juego y reconociera al propio diablo era estigmatizado como separatista, guerrillero, rebelde, fundamentalista, religioso, fanático, incluso como sectario, y sobre todo como ultraderechista y terrorista. Las ciudades y países de origen de los que no estaban conforme se definían como “nidos de incubación del mal” o incluso como “estados infames” y se ponían en la lista negra. Paradójicamente, los comunistas del mundo internazi justificaban sus terribles guerras económicas y represivas conducidas por todo el mundo (en ocasiones se luchaba simplemente por el control del petróleo o las drogas), al igual que sus grandes actos terroristas como medidas defensivas necesarias contra el terrorismo, el cual, en caso no ir bien a los sometidos, era provocado o llevado a cabo por sus propios agentes de los servicios secretos, principalmente para lanzarse al ataque.

¿Por qué nadie de la civilización se oponía ante tanta injusticia? Uno podía volver a preguntarse por qué todos formaban parte de aquello. Tontura, manipulación, decadencia y seducción de la población no lo disculpaban todo. De hecho el público en general debería haber reconocido al menos la punta del iceberg, una parte de la injusticia en este “Cuarto Reich”. Cuando los seres humanos incluso se atan cargas explosivas al cuerpo y ofrecen resistencia contra la injustica como bombas humanas, no se puede y no se debe partir de la base de que sus motivos no son insuficientes, ¡de que su desesperación, situación, sumisión, tortura, … no es terrible! De hecho, el mundo de entonces era un campo de batalla, un matadero permanente.

Aún cuando algunos conocían o sospechaban lo mencionado anteriormente, no tenían posibilidad alguna de seguir controlando e influyendo en los acontecimientos reales del planeta. Además, el ciudadano consumista sólo veía lo que se presentaba en las pantallas o los periódicos, y tenía que creer lo que pasaba a considerarse opinión pública, segura e indiscutible, e incluso lo que aparecía en los libros de historia. Y cuando empezó la época del último y más perfecto dominio comunista forzoso y de repente sólo llegaban noticias positivas, tuvo que aceptar que finalmente el mundo se encontraba en orden. La identificación de la propia personalidad con la pantalla se desarrolló de forma tan perfecta que, cuando una persona vivía de otra forma y veía otras cosas que las mostradas por la pantalla, se ponía en duda a sí mismo y dudaba también de sus ojos. Precisamente aquella última dictadura modernista, originada a partir de una secta que se había ido infiltrando en la sociedad consumista desde hacía ya siglos y predicaba una ciencia y racionalismo ateístas, se hacía cada vez más poderosa. Era entonces cuando dicha dictadura entendía a la perfección su actividad manipuladora. Dicha dictadura podía adormecer hasta convertir en moribundos a los pueblos de la Tierra, al mismo tiempo que lo mostraba todo en positivo y resplandeciente. Simplemente se prohibió escribir y hablar de cosas negativas.

A mí hacía tiempo que esta dictadura apocalíptica me reprochaba haber escrito de forma demasiado “negativa”, de manera que ya nadie encontraba mis libros leíbles o aceptables. Como pedagogo cualificado sabía perfectamente que la llamada motivación negativa, aplicada de forma continua, puede conducir a que los escolares abandonen su meta como aprendices, es decir, puede desmotivarles. No obstante, yo no quería mentir, presentar el estado de las cosas de forma diferente a como era en realidad. Quería mostrar las causas del caos, despertar las conciencas endormecidas y dar a conocer a todos y a todo los continuos pecados y delitos cometidos por todos. Asimismo no deseaba dar coba a mis lectores y oyentes como entendían que tenían que hacer de forma magistral los profesores de los cultos orientales o más tarde “Gran Hermano”. Yo quería fijar metas verdaderas que pusieran de manifiesto los auténticos obstáculos tan claramente que se pudieran justipreciar y aceptar. Además, con mi forma de escribir quería llegar a las pocas personas a las que aún no se les hubiera enfriado el corazón y el alma, que aún no hubieran escondido la cabeza bajo el ala, bajo la red electrónica y que pudieran reconocer lo que había escrito como realidad y, a continuación, pudieran empezar a vivir a nuestro modo.

Simplemente no me habría sido posible o habría sido demasiado agotador teñir de rosa todos los hechos más macabros acontecidos en la civilización. Porque, a fin y a cuentas, yo había vivido y conseguido cosas mejores, aunque tuve que dejar atrás mucho de lo antiguo.

Me gustaría ejemplificar por qué habría sido incorrecto haber utilizado “lengua hipócrita” en lugar del término orwelliano “neolengua”: supongamos que quisiera explicar cómo el internacionalismo y los individuos modernos habían puesto patas arriba a los pueblos y las clases sociales, y todo en general, de manera que al final ya nadie conociera a nadie y básicamente sólo existiera desconfianza y enemistad entre las personas, desconocidas entre sí y no hechas las unas para las otras. Ante esta situación, ¿debería haber escrito lo fantástico que era poder viajar a todos lados, quedar con todos estos desconocidos, convesar y hasta emparejarse con ellos? ¿Acaso no habría mentido de haber presentado como positivas tales opciones, aunque en especial bajo las condiciones de entonces sólo crearan caos, desgracia y decadencia en ambas partes? Tampoco los internazis, que querían unificar el mundo entero, eran capaces de reducir al mundo a un denominador común de forma pacífica. Porque no conocían las leyes originales, no vivían según el orden natural y divino. Por ello, ¿no era mi obligación ilustrar el otro lado de la moneda, en este caso, por ejemplo, del turismo o las importaciones del extranjero, callados hasta entonces? Por supuesto que bajo nuestras condiciones de vida, en nuestros jardines paradisíacos podría haber unido a todo el mundo, o incluso haber convertido a una mala mujer en una auténtica. La regeneración mediante una vida y alimentación naturales, siguiendo el orden natural y divino, hace posible que el mundo se unifique de forma pacífica, sin manipulación ni decadencia, sin nivelación popular en el denominador inferior.

Es fundamental preguntarse si era necesario y digno de esfuerzo tal despliegue de transformación y adaptación mutuas. No se necesita hacer injertos a los árboles que dan buenos frutos. De todas formas, bajo las condiciones de la civilización no era posible una ampliación y mejora de las razas mediante la mezcla.

En este final de los tiempos me sentía obligado a escribir lo que otros no habían escrito, es decir, a acabar tapando grandes agujeros del conocimiento que nadie antes podía o estaba dispuesto a llenar. Es comprensible que dichos agujeros contuvieran mucho de negativo, si sabemos que los llamados esotéricos habían empezado a pensar en “positivo”, creyendo absurdamente que de esta manera lo negativo, los errores y delitos contra Dios y la naturaleza acabarían perdiendo su efecto fatal y dejarían de existir, y que precisamente los que recuerdan lo falso y malo, y exigen la conversión, serían los culpables al entrar en la escena del orden natural y divino los resultados inevitables y la desgracia de los innumerables delitos y pecados. Yo, nosotros, que nos queríamos salvar y mejorar, deberíamos haber entregado a los culpables al fin del mundo. Sin embargo, hacer lo bueno y verdadero implica no hacer lo malo y falso, y esto no es posible sin la descripción y el reconocimiento exactos de lo llamado negativo. Reconocer lo malo y falso significa el primer peldaño hacia lo bueno y verdadero en nuestra escalera hacia el cielo; la abstención, el segundo y el reconocer, hacer y realizar lo bueno y verdadero, el tercero.

A pesar de todo, a todas estas marionetas, a estos presos y miserables mediante la intoxicación y la adicción, el egoísmo y la envidia, a los locos de esta época, deformados y desfigurados en cuerpo y alma, trazados ya por la muerte, que vivían en casas deslumbrantes y contaminaban el entorno conduciendo coches deslumbrantes, que deseaban hacer carrera y fortuna, y que finalmente, a la edad de cuarenta o cincuenta años, se los atiborraba de morfina con destino al más allá como a un miserable montón de chatarra, sin haber alcanzado el más mínimo desarrollo metal e intelectual, … a todos estos, ¡aún me sentía con la obligación de decirles la verdad! Si lo entendían, aún tenían una oportunidad de volver a encontrar su vida. Si no, aún existía la posibilidad de que quizás otros pudieran reconocer y probar mi mensaje. Todo aquél que conociera mi sistema de escritura y pudiera mejorar mediante el reconocimiento y la corrección de sus errores contribuía ya a la construcción de una época realmente nueva y mejor.

Sin embargo, no se trataba de la “edad de oro”. Eso quedaba muy, pero que muy lejos. Se trataba del más allá, de la vida eterna del ser humano. Para los prisioneros de las dictaduras consumistas satánicas ya no existía resurrección espiritual alguna hacia la vida eterna, es decir, que se encontraban prisioneros sin esperanza por lo menos al final de su vida terrenal en el infierno, en su estado decadente. Ninguno de ellos sabía ya que se estaba consumiendo, enfermando, envejeciendo y matando al ingerir alimentos tratados por el fuego, por el fuego infernal. Tampoco sabían que este fuego y todo lo antinatural creado por su efecto está prohibido, sólo vive matando, y que nutriéndose con esta comida muerta también se iba enfriando y muriendo su vida interior y eterna. El fuego infernal toma su calor de los corazones, que transforma en bloques de hielo; prende porque destruye vida, amor, bondad; y echa humo porque tergiversa la verdad. Los seres humanos que ingerían comida muerta y cocinada, sobre todo comida decadente, y vivían de forma extremadamente antinatural, perdían todo tipo de cielo en ellos mismos, se unían a todo tipo de espíritus del infierno imaginables y los gobernaban desde allí. Ya no eran ellos mismos, sino obsesos, prados recreativos, herramientas, teatros de guerra del pasado, del reino de los muertos, del infierno. Debido al estado de obsesión generalizado de todos los pueblos consumistas de entonces, se creía en la transmisión de las almas e incluso llamaban “alma” a su espíritu de obsesión. Cada vez más había “almas” que habitaban “en un pecho”, sobre todo en la cabeza, los llamados “tumores”, lo que a nadie le asombraba, pues, en lo relacionado con la equivalencia entre cuerpo, mente y alma dominaba una confusión y enajenación totales.

Sabíamos que esta humanidad, como había pasado ya en la historia, se volvería a destruir en un futuro próximo. Ya no había pueblo alguno en la Tierra que viviera de forma natural y conforme a Dios. Hacía tiempo que se había olvidado qué, quién y cómo era y es Dios. Además, dominaba una oscuridad intelectual, porque las iglesias y clérigos infiltrados por el adversario solían presentar falsedades como religión y se tragaban lo importante. Florecieron todo tipo de doctrinas falsas porque, debido a la situación de intoxicación general y extraordinaria, el conocimiento divino o bien sólo era posible mediante falsedades o ya no era posible.

Todos los pueblos que vivían cercanos a la naturaleza consumían cadáveres animales y eran más o menos bárbaros. Nosotros sabíamos ya que los espíritus muertos no pueden mejorar, se quedan rígidos y entumecidos, muertos, y que una humanidad dirigida por éstos no puede aprender de los errores, acabaría eliminándose a sí misma. Por eso contábamos siempre con la “III Guerra Mundial”, el impacto, la caída, la catástrofe final total. Sin embargo, no éramos pesimistas, sino simplemente realistas, conocedores de la ley del mundo. Y según ésta, era evidente que en esta ocasión, ante una inminente limpieza general de la Tierra, todo acontecería de cualquier forma menos tranquila. ¡En caso de que no se pudiera mejorar nada decisivo entre los seres humanos!

Qué otra cosa mejor podíamos hacer en esta situación que intentar construir y ampliar nuestro sistema de vida, nuestras islas paradisíacas según el orden divino lejos de la civilización, y alcanzar un estado de acuerdo a Dios en nosotros mismos, con la esperanza de poder lograr un equilibrio con el que pudiera detenerse la dureza mortal de las leyes. Tampoco perdí jamás la esperanza de hacer llegar mis escritos y el sistema IP a los seres humanos. No obstante, debido a todo tipo de trabajo práctico organizativo, cada vez podía dedicarme menos a su publicación.

Por ello dejé mi sabiduría por escrito a los seres más capacitados en Alemania para que pudieran publicarla llegado el momento o en la medida necesaria.

De haberse construido a tiempo nuestro mundo saludable y haberse protegido contra las influencias de la civilización, el incorregible ciudadano consumista podría haber hecho lo que hubiera querido en su mundo artificial; por mí, podría haber sido “feliz” a su manera, o por lo menos haberlo imaginado mejor sin mi crítica. ¡Allá cada uno con su mundo! Finalmente ya no veía motivo alguno para seguir escribiendo a este mundo consumista, para desvelar secretos profundos pero sencillos, que de hecho ya nadie podía comprender. Seguir difundiendo tal conocimiento en aquella época sólo habría conducido a que los plagiarios, mentirosos y falsificadores, a que todo falso dirigente pudiera haber producido mejores falsificaciones y se hubiera hecho aún más poderoso de lo que ya era. Sólo aquéllos que también practicaran nuestra idea, es decir, sólo los que construían sus islas paradisíacas podían hacérsela suya.

Como ya he mencionado, había creado un método innovador para alcanzar una vida y nutrición naturales, gracias al cual, tanto en la distancia, como en cursos activos en todo el mundo podían superarse las lesiones producidas por la civilización, volver a ser una persona capacitada y formar colonias libres e independientes. En otra obra aparece todo lo necesario. Ayudé a formar colonias donde y como pude. Para todo aquél que no quisiera leer irigí edificaciones para el sistema IP, algo así como una vivienda natural combinada para seres humanos, plantas y animales, incluso con teléfono. Las ideas y construcciones naturales, en principio, no son demasiado difíciles ni complicadas.

Bien, creo que ya he contado suficiente. Pienso que estáis bastante cansados. Lo dejaremos por hoy y daremos gracias por haber superado sanos y salvos esta época horrorosa del sufrimiento infinito, tal vez el sistema más injusto y miserable en la historia de la humanidad llamado civilización consumista, la época de lo antinatural y lo anticristiano. Seguramente habría muchas otras cosas más interesantes e instructivas. Algunas cosas sólo las pude mencionar. Sin embargo, podéis echar un vistazo a mis libros si estáis más interesados en saber por ejemplo por qué y de qué manera gobernaban las mujeres y ocupaban el lugar de los hombres, o si deseáis saber más sobre el tema de la obsesión. También es interesante seguir cómo extendimos nuestra práctica de alimentación natural y la confeccionamos de manera más sabrosa y paradisíaca. También es digno de mención nuestro trabajo de planificación y metodología gracias al cual podíamos construir nuestras islas de autoabastecimiento. Hoy podéis observar cómo todo prospera y da su fruto. Sólo tenéis que ir al huerto u ordeñar a las cabras para nutriros. Al fin y al cabo este huerto solía ser un tierra baldía y estéril, e incluso yo fui en una ocasión prisionero del mundo consumista y pude vivir y describir cómo pude ir mejorando mis chifladuras bajo una vida y alimentación naturales, cómo, mediante nuestra propia regeneración celular, yo/nosotros logramos recuperar, de forma sencilla y natural, la vida, los sentimientos, el corazón y la inteligencia del Señor en armonía con el orden natural y verdadero del cosmos. Fue y es un maravilloso camino de la vida el que hemos recorrido y aún recorremos. Le estamos eternamente agradecidos a Dios nuestro Señor de que ÉL nos haya salvado a nosotros, SU pueblo, de la decadencia y la muerte seguras. Tenemos que colocarnos ante los ojos todos los errores del siglo XX de forma exhortatoria, de manera que no los olvidemos nunca, para que no los volvamos a cometer jamás y no tengamos que volver a padecerlos nunca más.

Literatura del sistema IP recomendada por el autor:

Gesammelte Kleinschriften Bände 1-4 (Recopilación de escritos, tomos 1-4)

Das Narrenzeitalter – Von der Hölle zum Paradies. Kap. 1-11 neu (La edad de los locos – Del infierno al paraíso. Cap. 1-11. Nuevos)

Rohkost Praktikabel – Die Zivilisation überleben (Régimen crudo practicable – Sobrevivir a la civilización)

Natural Farming in Portugal (Vida natural en la granja en Portugal)

P.i: System/Forum 1 (Sistema I.P. / Foro 1)

Nahrung&Leben Band 1 (Nutrición y vida Tomo 1)

Formato en Din A4, autoencuadernado

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Written by paradiseislandfamily

September 8, 2008 um 4:11 pm

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